El Che y la Economía Mundial

EL Che Y lA ECONOMÍA MUNDIAL


Rémy HERRERA

(Investigador del CNRS,

(Centre d’Économie de la Sorbonne)


Las investigaciones sobre el pensamiento de Ernesto Che Guevara sobre la economía son numerosas, pero raras las que abordan su dimensión cara a la economía mundial. Este aspecto efectivamente, es pasado por alto, relegado a un segundo plano respecto a sus posiciones relativas a la política internacional y de ahí mal entendido, manipulado incluso, a veces para confrontarlo artificialmente a Fidel Castro, otras veces para volverlo contra la URSS.

El Che no era economista (de formación académica); probablemente sea eso lo que le permitió pensar tomando prestadas vías heterodoxas, poner en cuestión verdades establecidas en economía, aventurarse en reflexiones originales y valientes para su época. La realidad de sus responsabilidades en el seno de la dirección de la revolución cubana (comandante militar, dirigente del Banco central, Ministro de industria…) le obligó a articular, en esta dimensión internacional, la dimensión nacional de las cuestiones tratadas. Su pensamiento sobre política internacional no puede separarse del de la economía mundial.

Comencemos por un punto crucial: el Che se apoya en sus razonamientos en el aparato teórico-práctico del marxismo-leninismo. Guste o no guste, él era comunista. Pero desde muy pronto él manifestó una cierta inquietud ante la insuficiencia del socialismo realmente existente para desarrollar sus propios mecanismos económicos y reforzar su posición en la competencia que le imponía el sistema capitalista, dominante a escala mundial. Había dicho una vez: “pertenezco por mi formación ideológica al campo de los que piensan que la solución a los problemas del mundo se encuentra detrás del telón de acero”. Pero no dudó en criticar el uso no crítico de las relaciones mercantiles y monetarias en el marco de las reformas puestas en práctica en la URSS en el decenio 1960 – como por otra parte lo hizo Fidel, por ejemplo, en su discurso del 6º aniversario de la revolución cubana (1965). Es en esa óptica en la que hay que interpretar los llamamientos del Che a los países socialistas para apoyar a los países del Tercer Mundo y hacer un frente común con el fin de modificar la relación de fuerzas mundial a favor del bloque progresista; concretamente para suministrar a los países que habían accedido a la independencia los medios para disponer de un escudo de protección ante la agresividad del imperialismo.

El Che se alegró, por supuesto, de la escisión del sistema mundial – y del debilitamiento de las posiciones capitalistas – después del acceso a la independencia política de los países del Tercer Mundo; pero también se mostró preocupado ante las grandes dificultades de estos países para consolidar su independencia política dada la resistente dependencia económica en que quedaban de sus antiguas potencias coloniales. En su discurso en Argel en febrero de 1965, en el 2º Seminario económico afro-asiático, el Che declaró: “Cada vez que se libera un país, dijimos, es una derrota del sistema imperialista mundial, pero debemos convenir en que el desgajamiento no sucede por el mero hecho de proclamarse una independencia o lograrse una victoria por las armas en una revolución; sucede cuando el dominio económico imperialista cesa de ejercer sobre un pueblo”.

Para comprender esto hay que poner en interacción las dimensiones nacional e internacional, pues la base nacional de los países en cuestión, es el sub-desarrollo. El Che lo definía así: “Un enano de cabeza enorme y tórax henchido ‘subdesarrollado’ en cuanto a sus débiles piernas o sus cortos brazos no articulan con el resto de su anatomía; es el producto de un fenómeno teratológico [relativo a la ciencia de las anomalías de la organización anatómica, congénita y hereditaria de los seres vivos. ¡El Che era también médico!] que ha distorsionado su desarrollo. Eso es lo que en realidad somos nosotros, los suavemente llamados “subdesarrollados”, en verdad países coloniales, semicoloniales o dependientes. Somos países de economía distorsionada por la acción imperial, que ha desarrollado anormalmente las ramas industriales o agrícolas necesarias para complementar su compleja economía”. El “subdesarrollo”, o el desarrollo distorsionado conlleva peligrosas especializaciones en materias que mantienen en la amenaza del hambre a todos nuestros pueblos. Nosotros, los “subdesarrollados”, somos también los países de la mono cultura, de la mono-producción, del mono-mercado”

El Che no caracteriza pues la realidad socio-económica de los países del Tercer Mundo solamente por su componente interna; explica también los factores que condicionan esta situación en el plano internacional, en su componente externa. Estos países están deformados, dice, porque están explotados. Es un aporte teórico, en relación al corpus de la economía mundial del desarrollo de los años 50. Pero es también, en cierto sentido, un avance respecto a Marx mismo, en la medida en que, durante mucho tiempo, Marx y Engels creyeron que la expansión mundial del sistema capitalista, irremediable, conduciría a homogeneizar el mundo, para generalizar en él en esta escala la oposición de clases burguesas / proletarios, es decir, el antagonismo fundamental. Incluso si Marx y Engels intentaran, en algunos casos, articular explotación de clase y dominación de nación a nación. Al insistir en esta dominación internacional, el Che es, en este sentido, muy leninista.

Según la definición de subdesarrollo que él propuso, las economías del Tercer Mundo no solo es que estén deformadas –en cuyo caso podrían encontrase diversas soluciones. Lo que es más grave es que esas economías son dependientes y que su dependencia del exterior determina la reproducción de las condiciones que engendran y explican el subdesarrollo. De hecho, este subdesarrollo no es más que la forma distorsionada que toma en el Sur el desarrollo en los países capitalistas del Norte. La naturaleza del sistema capitalista es pues contradictoria: este sistema produce al mismo tiempo desarrollo en un polo y subdesarrollo en el otro. Para el Che, hace falta por consiguiente insistir en la necesidad de independencia económica de los países del sur como medio de impedir su recolonización económica o neo-colonialismo por parte del Norte.

Hay que comprender no obstante los mecanismos específicos del neo-colonialismo, que sabe reconocer la independencia de los Estados, formales, y siguen dependientes. En una conferencia el 20 de marzo de 1960 para la “Universidad popular” en Cuba, dijo el Che: “…todos estos conceptos de soberanía política, de soberanía nacional, son ficticios si al lado de ellos no está la independencia económica”. Él percibió la gran importancia de la contribución de los países socialistas al esfuerzo de los países del Tercer Mundo para alcanzar esta independencia económica. Lo que le lleva a decir: “El desarrollo de los países subdesarrollados debe tener un coste para los países socialistas…” Esta cita es a menudo aportada, aunque truncada y sobre todo desviada, con el fin de presentar un Che opuesto a los países socialistas de entonces, hostil a la URSS. De hecho, él insiste, justo después, en la responsabilidad que incumbe también a los países del Tercer Mundo para llegar a la independencia económica y contribuir a consolidar las fuerzas revolucionarias, cuando añade: “… pero esos países subdesarrollados deben también movilizarse y comprometerse resueltamente en el camino de la construcción de una sociedad nueva. No se podrá ganar la confianza de los países socialistas intentando hallar un equilibrio entre capitalismo y socialismo, utilizando estas dos fuerzas en contrapeso una de la otra para extraer algunas ventajas de su competencia”. Tan claro como el principio de la cita, incluso si a algunos les molesta…

Analiza también los instrumentos utilizados por el imperialismo para someter y explotar a estos países del Tercer Mundo, y subraya el papel de las inversiones extranjeras en la toma de control de los recursos naturales del Sur, o el del intercambio desigual en el comercio mundial, Se le puede considerar precursor de las ideas tercermundistas de defensa de la soberanía del Sur sobre sus actividades económicas – una reivindicación que se generalizó después, en los años 1970. Pone igualmente el acento en el problema de la deuda exterior, a principios de los 60, anticipando la crisis que estallará 20 años más tarde. Otra aportación del Che.

En la 1ª reunión de la CNUCED [Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo] en 1964 en Ginebra, va a denunciar los principios – ficticios en su opinión – de igualdad formal entre países, de reciprocidad en las relaciones comerciales, así como la injusticia del orden económico mundial cuya transformación exigía. Y propuso establecer una correspondencia entre precios de las materias primas y pagos de dividendos y de intereses anticipando la idea de indización de los precios de las materias primas sobre los de los productos manufacturados que la CNUCED iba pronto a promover.

La clave del pensamiento de Ernesto Guevara es la identificación de la lucha contra el subdesarrollo, la lucha contra el imperialismo y la lucha contra el orden mundial tal cual es. Según él, la superación del subdesarrollo no puede separarse del anti-imperialismo porque el imperialismo es el obstáculo que reproduce la dependencia del Sur. Pero al mismo tiempo, no se puede luchar contra el imperialismo sin romper, concretamente, los instrumentos de ejercicio de ese poder. Es por eso que él abogaba por un “nuevo orden mundial” y, para llegar a esta transformación, por la unidad del Tercer Mundo. En Argelia, en 1965, declara: “Si el enemigo imperialista, norteamericano o cualquier otro, desarrolla su acción contra los pueblos subdesarrollados y los países socialistas, una lógica elemental determina la necesidad de la alianza de los pueblos subdesarrollados y de los socialistas”. Por lo tanto, “si no hubiera ningún otro factor de unión, el enemigo común debiera constituirlo.”

Vengamos ahora a un punto delicado que hay que abordar para disipar malentendidos. La importancia que el Che da a las relaciones Norte-Sur ha llevado a algunos comentaristas a lecturas erróneas de su pensamiento; como cuando se ha dejado creer que, después de él, la verdadera contradicción no se establecería entre capitalismo y socialismo, sino entre países desarrollados y países subdesarrollados. Hay que entender muy bien que, si bien el Che ha subrayado en muchas ocasiones el papel determinante de las relaciones Norte-Sur, no por ello hizo que desapareciera el papel de las relaciones de clase. Lo dije antes: Che era comunista, marxista-leninista. Sus escritos y discursos tienden todos al objetivo de la llegada del socialismo mundial. En esto, era muy marxista. Porque es difícil, si no imposible, captar el pensamiento de Marx, político y también teórico, sin conectarlo sistemáticamente a este convencimiento de la victoria mundial del socialismo.

Ahora bien, el Che puso a los países socialistas ante su responsabilidad. Era consciente de la exigencia de consolidar las posiciones del socialismo mundial, y criticó las acciones que corrían el riego de apartar a los países subdesarrollados del socialismo. Habló incluso del intercambio desigual entre países socialistas y el tercer Mundo: “Si estas son las relaciones [de intercambio desigual], los países socialistas son en cierta manera cómplices de la explotación imperial. Se puede argüir que el monto del intercambio con los países subdesarrollados, constituye una parte insignificante del comercio exterior de estos países. Es una gran verdad, pero no elimina el carácter inmoral del cambio.” Y concluye: “Los países socialistas tienen el deber moral de liquidar su complicidad tácita con los países explotadores de Occidente.” Era muy valiente. Pero ello no hace del Che un enemigo de la URRS, ¡ni mucho menos! Porque eso no fue verdad. El Che no estuvo más complaciente, ni fue menos crítico, con los países del Tercer Mundo a los que se dirigió para que liquidaran de su suelo los instrumentos de ejercicio del poder efectivo del imperialismo y se decidieran a “comprometerse resueltamente en el camino de la construcción” del socialismo. La tarea histórica de los pueblos del Sur consiste pues en eliminar las bases del imperialismo en sus países, es decir, todas las fuentes de beneficio, extracción de materias primas o apertura de mercados.

Para el Che, el enemigo, es el imperialismo considerado a la vez como un sistema mundial – así como lo dice en su mensaje a la Tricontinental: “el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial”; y como sistema dinámico que se adapta a las condiciones cambiantes del mundo y utiliza herramientas siempre innovadores con el fin de alcanzar sus objetivos de destrucción de los países del Sur – así lo declaró en la conferencia de la Organización de Estados americanos de 1961. De ahí su estrategia revolucionaria: la lucha de los pueblos debe ser multidimensional, global, larga, movilizar a todos los países explotados por el imperialismo, desplegarse en todos los terrenos. El imperialismo, el primero el estadounidense, es el enemigo común de la humanidad, y ante él, los países socialistas y los progresistas deben unirse, sean cuales sean lsus diferencias puntuales. Tales divergencias son una debilidad, pero, bajo los golpes del imperialismo, la unión se impondrá.

Cincuenta años han pasado desde la muerte del Che. El mundo ha enormemente cambiado desde entonces, pero lo esencial de su pensamiento sobre la economía mundial conserva a mi entender, su actualidad y su pertinencia.


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Traducción de Red Roja