Huelgas en todos los frentes

Rémy HERRERA
(domingo 17 de junio)

Durante estos últimos meses, desde la intensificación de los conflictos sociales en Francia, los medios dominantes del país vienen cumpliendo su papel a la perfección: de manera constante difunden una propaganda destinada a zapar la moral de los trabajadores en lucha trasmitiendo servilmente el discurso mentiroso del gobierno del Presidente Macron – sostenido por las altas Finanzas – y ocultando bajo la palabra “reformas” una voluntad decidida de destrucción sistemática de los servicios públicos.

Después de haber pretendido que iba disminuyendo el número de huelguistas y de manifestantes que se oponen a las medidas neoliberales promovidas a todo trapo por el poder, esos mismos medios ya anuncian “el próximo fin de la huelga de ferroviarios”… Sin embargo, los sindicalistas más combativos del sector ferroviario (CGT, SUD…) siguen discutiendo aun la posibilidad de continuar las movilizaciones en la SNFC más allá del calendario de huelgas intermitentes inicialmente previsto (el 28 de junio).

¡La verdad es que una simple lectura de la lista de las múltiples huelgas que se han venido y se siguen produciendo recientemente en Francia, agotaría el tiempo de antena de los telediarios! Los comentaristas subordinados al poder hablan, a propósito de estos conflictos, de un “malfrancés” que habría que erradicar. Un diputado de la mayoría presidencial ha llegado incluso a hablar de “huelguicultura” (cultura de la huelga).

Por nuestra parte, nosotros debemos ver en esta multiplicación de las luchas sociales un motivo de optimismo. Es ahí, en esas movilizaciones, donde los trabajadores, sobre todo los más jóvenes, se forman, vuelven a construir los lazos indispensables de solidaridad, estructuran las formas locales de organización, hacen surgir los líderes del futuro. A pesar de las numerosas dificultades con que se tropieza, estas luchas se van extendiendo poco a poco y aportarán sus frutos. Hay que ser pacientes. La conciencia de clase progresa y con ella, el coraje de cada vez más trabajadores que salen de la inercia y de la resignación.

Y más cuando algunos de estos movimientos son nuevos; históricos, podríamos decir.

Ejemplos: El número de sindicados entre los empleados de los establecimientos de fast-food está aumentando con fuerza. En McDonalds, los huelguistas –algunos llevan luchando más de seis meses – reivindican mejores condiciones de trabajo y de salarios, pero al mismo tiempo denuncian la evasión fiscal y el acaparamiento de beneficios por parte de los propietarios del grupo. Empleados de otras firmas no dudan en revelar casos de explotación y maltrato en el trabajo. A consecuencia de las movilizaciones de empleados de grandes superficies como Carrefour, el movimiento se ha extendido a Bélgica donde un centenar de supermercados Lidl tuvieron que cerrar debido a una huelga espontánea.

Desde hace varios meses, los empleados de las residencias de la tercera edad se vienen manifestando para denunciar los ridículos salarios, los ritmos de trabajo, la insuficiencia de personal, así como las malas condiciones de vida a que se somete a los pensionistas y las exorbitantes aportaciones económicas que se les exigen.

En mayo, los turistas pudieron darse cuenta de que los barrenderos y alcantarilleros de París estaban movilizados. Pretendían dar a conocer las “penosas” condiciones de sus trabajos y conseguir jubilaciones anticipadas.

A mediados de junio, algunos agricultores bloquearon catorce refinarías de petróleo en todo el país para protestar contra la decisión del gobierno de autorizar la importación de aceite de palma (sobre todo de Indonesia) destinada a alimentar la fábricas de bio-carburante con grave quebranto para el sector de la colza-bio francesa.

Con la nueva remontada neoliberal, el malestar social es tan profundo que afecta incluso a profesiones que, de memoria de los observadores, jamás se habían visto manifestar. En mayo, un millar de inspectores de cuentas bajaron a las calles en contra de un proyecto de ley que contempla la anulación del requisito que tienen las pequeñas y medianas empresas de hacer certificar sus cuentas por empresas de contabilidad (lo que significa pérdida para ellos).

Un mes antes, magistrados y abogados se ponían en huelga para protestar contra el anuncio, por parte de ministerio de Justicia, de “fusionar” (en realidad “de cerrar”) los tribunales habilitados para juzgar litigios menores (aquellos cuya demanda de indemnización no supera los 5000 euros) con las jurisdicciones superiores; esto acarrearía, además de una reducción de presupuestos y de empleos, una justicia deshumanizada y privatizada que disuade a los más pobres de emprender procedimientos judiciales para defender sus derechos.

En mayo, era el turno del personal de las Catacumbas (el osario subterráneo de la plaza Denfert-Rocherau), y después el de la Cripta arqueológica, de encabezar la huelga más larga jamás vista en los Museos de París. Los empleados reclamaban condiciones “dignas y equitativas” de trabajo, seguridad para los agentes y para el mismo lugar turístico, así como una prima por el trabajo en el subsuelo en condiciones difíciles.



Traducción Red Roja