¡Organizar la resistencia y unir las fuerzas populares, democráticas y patrióticas contra el fascismo!

Partido Comunista Brasileiro (PCB)

28 de octubre de 2018


Consiguieron convencer de que el mal mayor a combatir en Brasil era la corrupción del PT, como si ese partido hubiese inventado la corrupción, sistemática en el capitalismo, que se dio en gran escala incluso durante los gobiernos militares nacidos del golpe de 1964, cuando la censura, el terror y el miedo impedían que se hiciese pública y que fuese castigada. 


A pesar de que los últimos días fue levantándose una ola democrática en oposición a la amenaza representada por la candidatura fascista, se confirmó la elección de Jair Bolsonaro para la presidencia de la República. La sociedad brasileña se enfrenta a un nuevo tiempo de dominación capitalista en nuestro país. Fue derrotado el ciclo de conciliación de clases y una nueva fase de la política brasileña se inicia desde ahora. 

Según se comprobó en la aprobación del decreto presidencial que creó una Fuerza Tarea Nacional para reprimir organizaciones que “se enfrenten al estado brasileño y sus instituciones”, dejando abierto el camino a una amplia criminalización de los movimientos sociales y de las organizaciones  de izquierda, Temer ya gobierna a las órdenes de Bolsonaro.

Las incursiones arbitrarias en las universidades realizadas por agentes  federales y representantes de la Junta Electoral, combinadas con acciones  truculentas contra la prensa de izquierdas (como la incautación del Jornal Brasil de Fato) y entidades que venían realizando asambleas y actividades contra el fascismo, demuestran que estamos viviendo bajo un estado de exacción que considera crimen el posicionamiento político a favor de la libre circulación de ideas y de las libertades democráticas.

El periodo entre el anuncio del resultado electoral y la posesión del nuevo gobernante puede representar una seria amenaza a la clase trabajadora, a las mujeres, a los negros y negras, indígenas, LGBTs, inmigrantes, gente del nordeste, sindicatos de trabajadores, movimientos sociales y organizaciones políticas de izquierda, especialmente las comunistas.

Existe riesgo real de que el odio y la violencia ya practicados durante la campaña electoral, provocando agresiones físicas y algunas muertes, se vayan esparciendo aun con más fuerza por parte de las hordas fascistas incentivadas por el clan de los Bolsonaro y sus secuaces.

Más allá de esto, nuevos ataques a la legislación laboral, a la asistencia pública, a la soberanía nacional y a los derechos democráticos pueden desencadenarse por un gobierno y un congreso moribundos que desean mostrar servicios al nuevo jefe 

El gobierno Bolsonaro será un gobierno fundado en una conjunción de fuerzas reaccionarias entre las que se incluyen sectores importantes de las fuerzas armadas, un Congreso más conservador que el actual y una Judicatura controlada. Como se comprobó durante la campaña electoral en la segunda vuelta, ante varias denuncias de irregularidad y crímenes cometidos por la candidatura vencedora, por ejemplo el de la “Caja 2”en el financiamiento de la avalancha de falsas noticias y propaganda fascista por Whatsapp, esas denuncias fueron sencillamente ignoradas  por las máximas instancias judiciales brasileñas.

Nos vamos a encontrar con un estado de excepción institucionalizado, fuertemente militarizado, apoyado por grupos paramilitares fascistas y con el respaldo social obtenido mediante la propaganda ideológica anticomunista y antidemocrática en varios sectores de la sociedad. Bolsonaro, para ser elegido, construyó una base social de apoyo a sus ideas y propuestas neofascistas a partir de sectores de la alta burguesía y de las clases medias.

A través de un mafioso esquema de propaganda fraudulenta financiado por grandes empresarios y difundida por grupos conservadores, con pastores de las iglesias neo-pentecostales sin escrúpulos al frente, fue capaz de esparcir la irracionalidad y el odio y captar corazones y mentes de sectores populares y de la clase trabajadora. Consiguieron convencer de que el mal mayor a combatir en Brasil era la corrupción del PT, como si ese partido hubiese inventado la corrupción, sistemática en el capitalismo, que se dio en gran escala incluso durante los gobiernos militares nacidos del golpe de 1964, cuando la censura, el terror y el miedo impedían que se hiciese pública y que fuese castigada.

El nuevo gobierno va a profundizar las medidas de criminalización de los movimientos sociales, del activismo social y político de todo tipo, en particular de izquierdas. Va a intentar avanzar rápidamente el proceso de privatizaciones de los servicios públicos, la subordinación a los intereses del imperialismo norteamericano y la entrega de las riquezas nacionales como lo anunció el presidente en campaña que llegó a decir incluso que “la Amazonía no es nuestra”.

En el caso de hacer efectivo lo que prometió durante la campaña electoral, Bolsonaro pretende acelerar la retirada de los derechos civiles, políticos, sociales y laborales, destruir el Sistema Único de Salud para favorecer a las grandes empresas gestoras de planes privados de salud, privatizar la educación pública implantando los cursos a distancia desde la enseñanza primaria, además de instituir por ley el famoso proyecto de la “Escuela sin Partido”, es decir, de la Escuela con Mordaza.

El fascismo brasileño está en marcha, mezclando características de los fascismos tradicionales -como el uso de la violencia contra la izquierda y el movimiento obrero organizado, el odio a la razón, a la cultura y al conocimiento, la utilización de símbolos y consignas xenofóbicas, la ideología ultraconservadora en todos los campos - con una propuesta económica ultraliberal y desnacionalizadora. Pero ellos no juegan solos. Gran parte de la población brasileña rechazó el voto al candidato del PSL.

Por eso es preciso desde ya, organizar la resistencia, que será dura y difícil, pero que tiende a crecer desde el momento en que las personas que creyeron en este proyecto se den cuenta de que fueron engañadas sin escrúpulos. Es preciso que todas las fuerzas populares y democráticas se unan inmediatamente en torno a la construcción de un amplio frente antifascista que deberá movilizar los diversos sectores  sociales descontentos con la elección de Bolsonaro y aquellos y aquellas que vean sus derechos amenazados por los ataque se vienen.

Dentro del frente democrático antifascista (que deberá congregar movimientos, partidos y entidades representativas de un amplio espectro de fuerzas democráticas, progresistas y hasta liberales) y sobre todo en las luchas populares y en el movimiento sindical y obrero, es preciso prioritariamente fortalecer la unidad de las organizaciones políticas y sociales anticapitalistas y anti-imperialistas en todo Brasil. ¡Sólo la clase trabajadora organizada derrota al fascismo!

¡Atreverse a luchar, atreverse a ganar!


Comitê Central do Partido Comunista Brasileiro (PCB)

Fuente: PCB

Traducción de Red Roja