“Ninguna especulación acerca del “día D” ha de tapar las tareas que nos tocan hoy”

(entrevista a Vicente Sarasa ante la publicación de El día D y su gerundio)

 

No es habitual la publicación de un libro de política, y mucho menos de actualidad política con criterios de clase… Como diría el clásico: ¿qué “tesis” se expone en EL DÍA D Y SU GERUNDIO”?

Lo primero que habría que aclarar es que “EL DÍA D Y SU GERUNDIO” tendrá dos partes. Ahora sale la primera, titulada “Crítica de nuestra comprensión en la comprensión de nuestra crisis”. Se trata de escritos realizados a lo largo de años, puestos al servicio de la defensa de la causa comunista precisamente en medio de “nuestra crisis” comunista; al servicio de la necesidad de intervenir en una realidad que, aunque no es comunista, lo primero que nos exige es que nosotros no dejemos de serlo. En definitiva, estos escritos fundamentan la necesidad de forjar cuadros políticos que sepan contribuir a revolucionar una realidad que necesita de la revolución aunque todavía no se reconozca en ella. Y para ello, la militancia misma ha de comprender más profundamente en qué consisten (y cómo se dan) los procesos de transformación histórica que protagonizan los pueblos. Por eso digo que, aunque nos decretaron las crisis del comunismo y del marxismo, la única crisis al respecto que hemos de admitir es la de su comprensión, la de nuestra comprensión. A partir de aquí, se suceden tesis acerca de la misma relación entre la teoría y la práctica para no caer en dogmatismos y no aislarse de la realidad; sobre el origen de los “capitalismos de rostro humano” que invalidarían la alternativa socialista, y cuyo rostro real es clave tener claro para no ceder ante el reformismo. Y también hay posicionamientos sobre la situación de inestabilidad  internacional y la pretendida omnipotencia y solidez del campo imperialista, que el libro niega, algo que resulta imprescindible tener en cuenta para aprovechar las brechas y contradicciones “de los de arriba”, parafraseando a Lenin.

¿En qué momento político aparece el libro, esto es, dónde nos encontramos en términos de lucha y conquistas (y derrotas), hoy, julio del 2017?

El libro, como me critican mis compañeros de militancia, no sale aprovechando ningún momento de oportunidad. Tenía que haber salido antes. Si nos guiamos por los temas tratados en esta primera parte que ahora se publica, estamos entrando de lleno en un periodo donde, por un lado, el sistema niega su profunda crisis (mayor en países periféricos de la Unión Europea como el nuestro) que provocó hasta demandas de Spanish Revolution. Y por otro lado, están aquellos que, montándose a lomos de las mareas de la contestación social, no sólo pretenden cambiarnos las causas por las que se salió (y se sale) a la calle, sino que nos empujan hacia el embudo del electoralismo y el institucionalismo. Pero también hay que poner en valor que hay ámbitos donde se ha demostrado que una mínima organización revolucionaria que sepa intervenir en las movilizaciones es capaz de extender su influencia más de lo que se quiere reconocer.

Suele decirse que el 15M y la irrupción de Podemos constituyeron un punto y aparte en el devenir político de los últimos años…

En junio de 2011 escribí que el 15M era la expresión de la profundidad de una crisis que afectaba a numerosos sectores que se creían al abrigo de la precariedad y del abismo sociolaboral, pero que no podía ser solución de esa crisis; por tanto, y en el mejor de los casos, había que ver el 15M como síntoma pero no como herramienta. A partir de ahí solo cabía afilar esta, la herramienta, en clave revolucionaria y por el socialismo, nada fácil cuando aún estábamos inmersos en la propia “crisis histórica” del movimiento comunista. Podemos parece que está en congreso permanente para ver qué cosa nueva nos “relata” que hay que cambiar o que es posible cambiar. Aún así, son tan grandes la podredumbre del régimen de la Transición y las exigencias imperiales de la “construcción euroalemana”, que cualquier devaneo de reforma o de recomposición del llamado tablero político no puede dejar de producir molestias dentro del sistema. En realidad, el punto y aparte fue el tipo de crisis que estaba detrás del 15M. Podemos ya es un largo punto y seguido que, sobre todo, no puede poner a toda esta podredumbre el punto y final que se requiere.

¿Qué factores no se han manejado bien para que la crisis económica y social no trajese consigo el parto de una organización revolucionaria poderosa?

Las organizaciones revolucionarias no son el resultado inmediato, determinista, de las crisis. Hace falta la voluntad, la línea y el plan de trabajo previamente establecidos. Como decía Lenin, sólo el que tenga el plan sobre un determinado diagnóstico puede adaptarse a las variaciones con respecto a lo previsto. Evidentemente, la forma en como se saldó la Transición –una época donde en la calle se planteaba que si reforma o ruptura- no facilitó que en una siguiente oleada de movilizaciones hubiera una organización revolucionaria fuerte. Pero no fue el único factor. También las organizaciones revolucionarias por el socialismo tenían que saber insertarse en la propia crisis del movimiento comunista y dominar mucho mejor el arte de mejorar la correlación de fuerzas en una lucha de clases que es una verdadera guerra; al menos es así como se la toma la burguesía. Y nosotros no deberíamos ser más ilusos que ella.

¿No adolece la izquierda revolucionaria de analizar lo que ocurre en otras organizaciones y pasar por alto los problemas que hace, por ejemplo, que a día de hoy no haya una herramienta potente y útil a la clase obrera? Puede decirse que tenemos bien diagnosticada la enfermedad pero no hay antídoto a la vista…

Tengo mis dudas de que realmente sepamos diagnosticar de la forma más provechosa la realidad. De ahí el título de esta primera parte que ahora se publica. Pero también sé que no todo es esclarecimiento teórico. Como digo al final de la introducción, “tampoco la militancia y los comunistas han de entender todo para actuar”. No tenemos otra que forjarnos en la intervención. Defendiendo siempre la línea revolucionaria independientemente de que la posiciones revolucionarias sean o no mayoritarias, pero cuidando de no caer en el sectarismo político. Comprendiendo que ninguna especulación acerca de “días D de la toma del poder” ha de tapar las tareas revolucionarias que nos toca desarrollar no ese día, sino hoy. En este sentido, el antídoto es comprender cada vez más que la revolución es “en gerundio”, en el día a día. Y nunca olvidar la dimensión histórica e internacional de nuestro movimiento, al tiempo que somos lo más rigurosos posible en la descripción del marco estatal en que actuamos a fin de optimizar nuestra intervención en él, tal como plantea Red Roja en el párrafo inicial de sus Tesis.

En términos de clase, las capas medias siguen siendo poderosas en número en los países europeos y, por tanto, colchón apagafuegos de los cambios. ¿Necesitamos que se empobrezcan para que sumen con los trabajadores más explotados?

Aquí no cabe decir aquello de “cuanto peor, mejor”. El estallido de la crisis capitalista en el centro del sistema –y, sobre todo, en países como el nuestro, situado en la periferia de la Unión Europea- ha empobrecido a muchos sectores, digamos, intermedios. Pero la clave estaba en que no había una línea revolucionaria organizada suficientemente fuerte que no sólo estableciera relaciones correctas de movilización y de influencia política con estos sectores, sino que además impidiera que fueran ellos los que nos contaminaran con sus ilusionismos tanto en lo relacionado a los “programas de cambio” como con respecto a los métodos de lucha para conseguirlos. Para que el empobrecimiento masivo material lleve a la transformación revolucionaria, y a que esta se sostenga estratégicamente, es necesario que no se empobrezcan también la línea y la organización revolucionarias en pos de “ocupar centralidades” para adaptarnos a “la mayoría”.

Una foto necesaria de la situación sindical…

En la segunda parte del libro trataré más este asunto. Ahora tan sólo diré que, desde hace mucho tiempo (no desde la última Reforma laboral…), la línea sindical ha de actualizarse en cuanto a las formas de lucha y de organización de base obrera. Pues el mundo laboral vive verdaderas situaciones de señoríos empresariales donde la precarización y la (auto)represión campan a sus anchas. Esto no sólo ha sido resultado de las modificaciones geográfico-industriales internas del capitalismo, sino que, en todo ello, ha sido determinante el pactismo impuesto por el sindicalismo oficialista desde aquellos años en que había que imponer la “paz social” para asentar la “democracia” que hoy padecemos. Es una buena noticia que dentro del sindicalismo alternativo cada vez se comparta más este diagnóstico y se estén dando confluencias sindicales al servicio de muchos trabajadores que prácticamente no pueden ejercer el “sindicalismo clásico”.

¿Quién está invitado el jueves 6 a las 20.00 a la presentación del libro?

Ciertamente es un libro que prioritariamente va dedicado a los militantes que persiguen ser cada vez mejores “cuadros” revolucionarios sin quedarse “a cuadros” entre la gente en general. Pero, en la medida en que se ofrecen análisis en varios ámbitos a los que aludía en la primera pregunta, es un libro que es susceptible de interesar a muchas personas que pueden confrontar, por ejemplo, su visión de la situación de inestabilidad social y bélica que hoy vivimos a nivel internacional; o sobre el “Estado del bienestar”; o sobre la naturaleza de la construcción de la Unión Europea o el papel de la deuda. En cualquier caso, están invitados la militancia cercana, el activismo de Cádiz con el que hemos coincidido en las movilizaciones en los últimos años y, cómo no, todo ese pueblo que sufre y a quien este libro no tiene otro sentido que servir.