Cambios y continuidades en el desarrollo del imperialismo

Informe político de Red Roja. Marzo de 2017

 

1. La agudización de la crisis económica general del capitalismo base de nuevas expresiones en el plano político.

 

  • La crisis general del capitalismo va agudizando las contradicciones interimperialistas y dando forma a nuevas formas de expresión política de las mismas.

  • El Brexit, la derrota de Referéndum de Renzi en Italia, la victoria de Tump y los cambios políticos que se avecinan en países tan “centrales” como Francia o Italia (con el Movimiento 5 Estrellas llamando abiertamente a abandonar el euro) son expresiones de movimientos profundos que vienen desarrollándose desde hace casi una década. En el Estado francés, además de las conocidas posiciones por la salida del Euro de Marine Le Pen, el otro candidato de la derecha con posibilidades de ganar las elecciones François Fillon ha propuesto recientemente ante la gran patronal1 un Blietzkrieg sociolaboral (término de Hitler para describir la guerra relámpago) con medidas durísimas tomadas rápidamente, en verano, para impedir cualquier reacción.

 

Es evidente que sus dificultades con las acusaciones de corrupción nada tienen que ver con estas propuestas, sino con su intención manifiesta de retomar las relaciones con Rusia.

Todas ellas, y las que muy probablemente se produzcan, son manifestaciones a escala política de las respuestas del capitalismo a sus propias crisis; tal y como lo fueron la Dictadura de Pinochet en Chile y la llegada de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Pero en este caso, reflejan – mucho más crudamente que entonces - importantes enfrentamientos entre las clases dominantes y entre los imperialismos europeo y estadounidense. El escenario idílico de la globalización se desmorona.

 

2. El camino hacia la desglobalización.

 

Los mitos del capitalismo cada vez duran menos. El último es el de la globalización, supuestamente tan imparable como el “fin de la historia”.

 

Tras incrementos sostenidos en la participación de las exportaciones en el Producto Bruto Mundial (PBM) desde la década de los 60 (12,3%) a finales de los 80 (18,2%), se produjo un proceso de aceleración que llevó a este indicador a valores récord del 30,8% en 2008.

Tras una caída posterior sin precedentes en 2009 y una efímera recuperación posterior, a partir de 2013 se inicia un descenso suave que se agudiza en 2014 – 20152.

 

 

En EE.UU. el déficit comercial debido a la caída de las exportaciones se ha incrementado desde la drástica caída de 2011

 

 

  • Otro de los cambios de tendencia significativos producido tras el estallido de las burbujas inmobiliaria y financiera ha sido la contracción en el volumen de productos financieros derivados. Esta masa de dinero especulativo es la expresión última del concepto de capital ficticio, elaborado por Marx, para definir aquellos activos financieros cuyo valor no se corresponde con algún capital real.

El crecimiento de estos productos financieros fue vertiginoso desde 1999, 80 billones de dólares, 2,5 veces el PBM, a 2008, cuando llegaron los 683 billones de dólares, 12 veces el PBM. A partir de entonces la contracción ha sido muy fuerte; en 2015 alcanzaban la cifra de 490 billones, 6,6 veces el PBM.

 

Estos datos generales adquieren aristas más afiladas, como viene sucediendo en el transcurso de esta última fase de la crisis, en los países centrales del imperialismo.

En el caso de EE.UU, el incremento del déficit comercial, debido a la fuerte caída de las exportaciones, que a diferencia de lo ocurrido en otros países en los que hubo una recuperación efímera, ha continuado aumentando desde 2011. Esta situación no es ajena a la decisión de Trump de sacar a su país del sueño dorado de la globalización capitalista, el TTP.

En Alemania, país exportador por excelencia, ha visto caer sus exportaciones un 10% en 2016, con respecto a 2015. A pesar de que los titulares de prensa lo atribuían unánimemente al Brexit, la disminución mayor fue la producida hacia países de fuera de la UE.

 

  • Tanto en el caso del Brexit, como de la victoria de Trump, milagrosamente toda la prensa nacional e internacional se ha vuelto antifascista, antixenófoba, protectora de los inmigrantes y rabiosamente “feminista” en el caso de Trump.

Como los milagros se prodigan poco, más vale no olvidar que, si como dijo un supuesto mirlo blanco como Roosvelt: “Puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, cuando el susodicho no cumple el guión, como hizo, por ejemplo Berlusconi amenazando con sacar a Italia del Euro en 2012, se desatan las furias contra él.

  • El elemento central por el cual Trump atrae sobre sí las iras de una parte importante de los poderes establecidos es su decisión, que parece sostener hasta ahora, de disminuir la tensión con Rusia. Como él mismo ha afirmado, también pretende redefinir el papel de la OTAN, hecho estrictamente relacionado ante la escala armamentística y de maniobras militares que cercan a Rusia, así como de cambiar política en Oriente Medio y de identificar al DAESH y afines como enemigos. Estos anuncios de cambios de posición del nuevo presidente de EE.UU. son consecuencia directa, no de hipotéticos afanes pacifistas, sino de la derrota de las posiciones estadounidenses en Siria

En el caso del Brexit se ha ocultado que, junto a personalidades y diputados del Partido Laborista, también pidieron el sí el Partido Comunista Británico, el Partido Comunista de Irlanda del Norte; además diversas organizaciones sindicales y movimientos sociales se unieron para solicitar el “Lexit”, salida de la UE desde una perspectiva de clase y con una clara posición de izquierdas.

No hace falta recordar que todos los grandes poderes europeos e internacionales apoyaban la permanencia en la UE. Para valorar los cambios políticos habidos desde entonces vale la pena recordar la destacada presencia de Obama en la campaña contra el Brexit, amenazando al Reino Unido con ponerle a la cola en cuanto a tratados comerciales si salía de la UE. Por el contrario, la primera mandataria extranjera que ha recibido Trump ha sido Teresa May.

Las consecuencias del Brexit y la cadena de acontecimientos que se vislumbran en otros países europeos pintan de negro el futuro de La UE y del Euro. Lo que en Alemania se susurra lo ha declarado en rueda de prensa el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Junker3: el golpe al mercado único que supondrá la más que probable negociación bilateral de Gran Bretaña con cada uno de los 27 estados miembros. Más taxativa es la decisión del Banco Central de Alemania de acelerar la repatriación de sus reservas de oro, ya iniciada en 2013, desde EE.UU., Francia y Gran Bretaña4 necesaria para respaldar un eventual regreso al Marco si el Euro se desploma.

Red Roja viene alertando acerca de aprovechar los síntomas de inestabilidad política y económica de las oligarquías dominantes que expresan la imposibilidad de encontrar salida a la grave crisis general del capitalismo que se profundiza progresivamente y que les hace relativamente más débiles en la correlación de fuerzas.

Esta situación de degradación manifiesta ofrece importantes resquicios de vulnerabilidad al tiempo que obliga al capital a exacerbar la explotación y sus ataques a las condiciones de vida de las clases populares, mostrando su cara más brutal.

La tarea de las organizaciones revolucionarias es fortalecer la conciencia y la organización de la clase obrera, incidiendo más que nunca en la línea de demarcación: No Pagar la Deuda y salir del Euro, de la UE y de la OTAN.

La organización popular en torno a estos contenidos – como plantean las Marchas de la Dignidad – cumple la función histórica de marcar objetivos políticos lejos de los callejones sin salida de las socialdemocracias viejas y nuevas y sus cantos de sirena de “vuelta al Estado del Bienestar”, y de arrancar dichas reivindicaciones de manos de la extrema derecha.


 

3. La derrota del imperialismo en Siria y cambios en el escenario internacional.

 

La derrota sin paliativos del imperialismo euro-estadounidense y de sus secuaces regionales Israel, Arabia Saudí y Qatar a manos del Ejército Árabe Sirio, Hezbollah, milicias palestinas, Rusia e Irán, concretada en la toma de Alepo y otras localidades, es uno de los hechos más relevantes del avance de la resistencia antiimperialista y antisionista en Oriente Próximo. Este acontecimiento fue precedido temporal y políticamente por la derrota de Israel en 2006 ante la Resistencia Libanesa hegemonizada por Hezbollah.

 

El desmoronamiento de las llamadas “fuerzas rebeldes” en Siria, al tiempo que el DAESH sigue perdiendo terreno en Irak, ahora con el avance del ejército iraquí en el control de Mosul, está forzando cambios de calado en las alianzas y prioridades de las potencias regionales así como profundiza el atolladero en que ya se venían encontrando los mismos EEUU, que pagan las consecuencias de la estrategia de desestabilización en que sumió a la región con su “Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense” que precisamente comenzaba con la invasión del Irak de Saddam Hussein. Incluso Arabia Saudí comienza a desconfiar del amparo estadounidense para preservar sus intereses en la región.

 

En este nuevo escenario, el cambio de política de alianzas de Turquía ha tenido como destacada consecuencia la firma del acuerdo con Rusia para la construcción del gaseoducto Turkstream, clave para la llegada del gas ruso a Europa. Se da la circunstancia de que este estratégico acuerdo, ahora ya aprobado por el Parlamento turco, se malogró en 2015 por presiones de EE.UU.

El cambio en la situación en Oriente Próximo y el destacado papel de Rusia no es aislado, sino la manifestación de la decisión de Rusia de jugar un papel destacado en la escena internacional. De este hecho son importantes exponentes, tanto los acuerdos, que junto a Irán y Turquía, ha propiciado sobre la guerra en Siria, como su alianza económico-militar con China en la Organización de Cooperación de Shangai y en el magno proyecto de la Ruta de la Seda con inversiones previstas de más 1,4 billones de dólares, respaldadas por el Banco Asiático de Inversiones.

Este nuevo escenario geopolítico está íntimamente vinculado con los importantes cambios propuestos por Trump (que a su vez están detrás de las tormentas político/mediáticas desatadas entre las élites estadounidenses): considerar al Estado Islámico como enemigo principal y actuar en consecuencia, y abrir vías de diálogo y cooperación con Rusia.

Los bombardeos que el gobierno neo-fascista de Kiev viene realizando sobre la población civil de Donestk y otras localidades del Donbass desde el día 26 de enero, rompiendo de forma flagrante los acuerdos de Minsk, parecen responder al objetivo de provocar una respuesta militar de Rusia en un momento en el que Ucrania preside (durante el mes de febrero) el Consejo de Seguridad de la ONU. Rusia no ha caído en la trampa y las milicias populares del Donbass han respondido a los ataques causando un importante número de bajas a los atacantes.

Este hecho, junto a la imponente escalada militar de la OTAN que está estrechando el cerco a Rusia tanto desde los países bálticos y Polonia, como desde el sur, en el Mar Negro donde se encuentran buques de Ucrania y de otros siete países de la OTAN, incluido el Estado español, tiene su lectura en el juego de poder interno en EE.UU., de forma que el Pentágono trata de colocar a Trump y sus intentos de diálogo con Rusia ante hechos consumados.

En el caso de Ucrania, el apoyo decidido de la UE al gobierno fascista fue evidente desde su complicidad con el golpe de estado y se ha venido manteniendo desde entonces. Tanto la UE, como el FMI, están financiando a la junta neo-nazi de Kiev con miles de millones de euros (que le negaron a Grecia), que no tienen posibilidad alguna de ser devueltos. Estos créditos sí han tenido la contrapartida de haber vendido a empresas europeas, estadounidenses o de los países del Golfo, todo el patrimonio público. El dinero así obtenido por Kiev ha ido destinado a la compra de armamento y no a paliar la gravísima situación que padece la población.

El escenario geopolítico está acelerando sus movimientos. El desarrollo imparable de la crisis tensa los conflictos y las contradicciones intercapitalistas se intensifican a la búsqueda de nuevos espacios de negocio, cada vez más escasos. Las amenazas de nuevas guerras a gran escala arrecian, incluso entre potencias centrales del imperialismo cuyas tensiones de momento se derivan a conflictos regionales.

La participación del Estado español en la escalada militar es la del buen vasallo de la OTAN. El gasto militar sigue aumentando, 17.500 millones de euros en 2016, al tiempo que quedan por pagar 21.000 millones de euros de los 40.000 gastados en Programas Especiales de Armamento. Todo ello mientras millones de personas viven situaciones desesperadas por falta de lo más indispensable para vivir.

Es preciso dar los pasos necesario para preparar la respuesta a la barbarie en curso y a las nuevas guerras que se preparan – el reciente acuerdo Colombia – OTAN marca cimas inéditas en la escalada militar en América Latina. En ese camino es preciso facilitar amplios acuerdos, insertos en la rica tradición anti-imperialista de los pueblos del Estado español, basados sobre principios políticos básicos, que permitan articular una respuesta popular coherente y firme al desastre al que nos aboca – si no lo remediamos - el capitalismo en crisis.

 

4. Lo esencial: aumentar la tasa de explotación.

 

No son necesarios improperios como el que dedicó Roosvelt a Somoza para saber que, incluso los que no hacen exhibición alguna de machismo o xenofobia como Obama, cumplen estrictamente con el guión escrito por la clase a la que representan: asegurar el beneficio a cualquier precio.

En el marco general de la crisis económica, las contradicciones intercapitalistas, si bien resquebrajan la estructura de poder y abren oportunidades a las fuerzas coherentemente revolucionarias, no disminuyen un ápice su coherencia a la hora de llevar a cabo su ofensiva contra la clase obrera. Creo

A la hora de aplicar políticas de reducción salarial, de contratos a tiempo parcial, de abaratamiento del despido, de recortes en las pensiones, etc., el acuerdo es unánime en todos los sectores del capital.

Los datos explican con contundencia cómo el capital se ha apropiado del incremento de la riqueza producida. En las dos últimas décadas (tomando como base 100, 1999) la productividad se había elevado a 114,6 en 2011; en tanto que el índice de los salarios, en el mismo período, había aumentado a 105,9.

Otro enfoque, quizás mas fácilmente perceptible, es valorar la diferencia en la paga entre los altos ejecutivos y los salarios promedio. En EEUU, en 2013, la paga de los altos ejecutivos es 343 veces mayor que la de la media de los empleados y 774 veces mayor que la de aquellos que menos cobran. En 1983 la diferencia con la media era 46 veces.

 

5. El escenario de las condiciones de explotación y de vida de la clase obrera en el Estado español

 

En el Estado español mientras el deterioro de las condiciones laborales alcanza cotas descomunales, la productividad aumenta y crece la economía.

Algunos datos de la EPA de enero de 2017 dan cuenta del coste de todo ello:

Hay 355.100 personas ocupadas más, pero 3,7 millones de horas trabajadas menos.

Hay 25.300 menos personas ocupadas a tiempo completo y 380.400 más a tiempo parcial. Se hacen contratos de hasta 15 minutos.

En el último trimestre de 2016 hubo por primera vez desde 2013, destrucción de empleo. 17.800 personas ocupadas menos en el sector público y 1.600 menos en el sector privado.

La caída de los salarios ha sido vertiginosa.

Siempre según datos oficiales, 4,2 millones de trabajadores perciben menos de 950 euros brutos mensuales y un millón y medio ingresan menos de 5.000 euros mensuales (414 euros en 12 pagas).

Además el derrumbe de los salarios no ha afectado a todas las capas de trabajadores por igual. Según datos del Banco de España, la pérdida de poder adquisitivo promedio ha sido del 7,4%, pero los más altos han perdido un 4%, mientras los más bajos han perdido casi un 25%. Detrás de este desastre está el cinismo del trabajo a tiempo parcial, que afecta la 92% del sector con menos ingresos. De éstos, el 75% son mujeres.

La pobreza de las mujeres, eufemísticamente llamada brecha de género, no sólo se refleja en los salarios (las mujeres ingresan en promedio un 23,75% menos que los hombres), sino que se agudiza en las pensiones.

Sólo dos millones de mujeres han podido acceder a una pensión de jubilación, frente a tres millones de hombres, al tiempo que la precariedad acumulada a lo largo de la vida laboral se refleja en unas pensiones inferiores casi en un 40% en promedio. La pensión media de las mujeres es de 742,81 euros, mientras la de los hombres asciende a 1.197,19 euros, 454,38 euros menos.

La situación de la clase obrera inmigrante (los datos se refieren exclusivamente a trabajadores “con papeles”) se ha deteriorado más intensamente que la del resto de la clase obrera. El paro de larga duración ha afectado al 51% de los trabajadores inmigrantes, frente al 34,7% de los autóctonos. Las consecuencias no se reflejan sólo en los bajos ingresos, sino en un deterioro general de las condiciones de vida agudizado por la falta de redes familiares. Dado que el sector de la construcción era en el que trabajaba un mayor número de trabajadores inmigrantes el estallido de la burbuja inmobiliaria ha sido devastador.

Más allá de cifras, las condiciones de trabajo en las industrias cárnicas que han sido analizadas recientemente a través de una entrevista5 realizada por Red Roja, es representativo de las condiciones de explotación en otros sectores (como la agricultura, la hostelería, los servicios como Amazón, etc). de la nueva clase obrera, nativa e inmigrante.

 

6. Las privatizaciones, beneficios asegurados por la clientela cautiva y por el incremento salvaje de la explotación.

 

Como Red Roja ha venido reiterando desde el inicio de esta fase de la crisis, en lo que se refiere al sector público, las privatizaciones cumplen una doble función: poner en manos del capital sectores de alta rentabilidad asegurada y, por supuesto, aquí también, aumentar la tasa de explotación.

La privatización de la telefonía, la electricidad, el agua, los transportes, el gas, la gasolina, etc, ha conllevado políticas muy duras de presión6 para eliminar a trabajadores fijos y con derechos y sustituirles masivamente por empleo precario. Todo ello con la paz social asegurada mediante el soborno de los grandes sindicatos.

En dos sectores claves del transporte, AENA y el sector de los puertos, estratégicos para la economía y que producen importantes beneficios, están en marcha procesos de privatización impuestos por la UE. Frente a ellos, el sindicato CGT en el primer caso, y la Coordinadora – sindicato mayoritario de los estibadores, han anunciado movilizaciones – “por todos los medios” en el caso de estos últimos.

En el caso de servicios públicos como la sanidad se han producido dos fenómenos que se han tratado como aislados, a pesar de ser estrictamente complementarios: los recortes y las privatizaciones.

El deterioro de la calidad asistencial en la sanidad de gestión pública es apabullante. Los propios datos del Ministerio de Sanidad indican que en los últimos 12 años se han perdido 6.000 camas y 19.386 puestos de trabajo en la sanidad pública, a pesar de que se consideran “publicas” las camas de gestión privada. Todo ello a pesar de que en este periodo la población se incrementó un 12,7%.

Ante esta realidad es preciso insistir en que los recortes de gasto en sanidad pública están al servicio de las privatizaciones. Primero porque el deterioro de lo público es el mayor reclamo para la sanidad privada. Y en segundo lugar porque el coste de la gestión privada es mucho mayor que la pública, con menor calidad y menores prestaciones. Durante los 30 años de concesión de la gestión la sanidad pública paga a cada hospital entre 4 y 5 veces más que a uno público de la misma categoría7. 7.600 millones de euros de dinero público, el 10,5% del gasto sanitario total van a parar a sus manos, sin contar el gasto farmacéutico.

Que son políticas al servicio del capital lo revela con mayor crudeza esta sucesión de hechos:

- El gasto farmacéutico sigue aumentando por una causa fundamental: el sistema sanitario está controlado por la industria farmacéutica.

- Las personas mayores y las enfermas crónicas consumen el 80% del gasto sanitario y son el mayor lastre para el negocio de la sanidad.

- la introducción del copago farmacéutico para quienes tengan pensiones inferiores a los 18.000 euros, con un tope mensual de 8 euros, ha supuesto que el 20% de los enfermos, según declaración propia a través de una encuesta, no acuda a la farmacia a retirar los medicamentos prescritos.

Conclusión: El objetivo no es económico, si así fuera, se habría retirado. El objetivo para ellos es expulsar del sistema a ese 20%, enfermo y pobre, que lastra el negocio privado de la sanidad.

Nuestro objetivo es arrancar a las empresas privadas la propiedad y la gestión de las empresas y servicios públicos, incluida la industria farmacéutica, condición sine qua non para que todos ellos cumplan su función social.

Los citados son algunos ejemplos de los miles que acreditan el despilfarro de dinero público cuando va a manos privadas y el recorte sistemático y creciente cuando el gasto va a los servicios de gestión pública.

A este respecto destacamos la confirmación de lo que Red Roja viene anunciando desde hace años: el Pago de la Deuda y el cumplimiento de los objetivos de déficit marcados por el Tratado de Estabilidad, Coordinación, y Gobernanza de la Zona Euro (2012) son incompatibles con la satisfacción de las necesidades sociales y la financiación de los servicios públicos.

En CC.AA. y Ayuntamientos de todo el Estado los interventores se niegan a convalidar acuerdos de gasto tomados por los gobiernos correspondientes que no vayan respaldados por la correspondiente dotación económica que en ningún caso debe superar el techo de gasto impuesto por la UE.

La negativa decidida a pagar la Deuda y a cumplir los objetivos de déficit impuestos – que implica salir del Euro y de la UE - marca la diferencia entre la coherencia política y los numerosos vendedores de soluciones que – si alguna vez gobiernan – acabarán chapoteando en el mismo cenagal que Syriza.

 

7. La clase obrera paga la crisis con su salud y con su vida.

 

Por primera vez desde 2008 aumenta la mortalidad general en el Estado español mientras la tasa de suicidios sigue batiendo récords.

 

El desastre acumulado que cae cotidianamente como una losa sobre la clase obrera en forma de angustia ante el despido, el final de las prestaciones, los desahucios, por no llegar a fin de mes, tener que abandonar los estudios, no poder hacer frente a gastos escolares, la imposibilidad absoluta de hacer planes de futuro, y un larguísimo etcétera, ha saltado por primera vez a las estadísticas de mortalidad.

 

La tasa de mortalidad en 2015 en el Estado español, que venía incrementándose paulatinamente desde 2010, ha subido con fuerza respecto a 2014, hasta situarse en 9,06 muertes por cada mil habitantes.

Además, España ha empeorado su situación en el ranking de tasa de mortalidad. Se ha movido del puesto 120 que ocupaba en 2014, hasta situarse en la posición 131 de dicha clasificación, lo que demuestra que tiene una muy alta tasa de mortalidad comparado con la del resto de los países.

Resaltamos este dato8, muy relevante, aunque apenas conocido, porque es un indicador que sólo refleja cambios demográficos muy importantes y que históricamente sólo se ha alterado con deterioros bruscos de las condiciones de vida (como en los países de la ex-URSS o Iraq tras la invasión de EE.UU.) o en periodos de profunda crisis en países que no aplican medidas de protección social.

El suicidio sigue escalando máximos históricos, situándose como la primera causa de muerte no natural y duplicando a los accidentes de tráfico. Mientras cada vez hay más voces que apuntan a su subregistro y encubrimiento como accidentes de tráficos o laborales.

El suicido como expresión de dolor insoportable e impotencia ante la violencia social desatada por el capital, al tiempo que señala directamente a los asesinos, nos interpela en la medida de que no hayamos sido todavía capaces de transformar el dolor autodestructivo en rabia organizada.

 

8. Todo parece indicar que un nuevo Pacto Social se está cocinando.

 

La “gran manifestación estatal” del pasado 18 de diciembre en Madrid convocada por CC.OO y UGT que, a pesar de todo el bombo mediático imaginable y de contar con la plana mayor del PSOE, Podemos e IU, no consiguió reunir a más de 5.000 personas, tenía como objetivo declarado sentarse a negociar y retomar el diálogo social.

A pesar del bochorno y del silencio posterior, todo indica que un nuevo pacto social se está preparando. Un documento interno de CGT al que ha tenido acceso Red Roja plantea – con gran verosimilitud – las líneas fundamentales del nuevo “Pacto”.

El Marco es la FIDE (Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa) que se autodefine como Think tank para el encuentro de empresas, administración pública y profesionales independientes. Con la participación de grandes empresarios, ex Ministros de Trabajo del PSOE, economistas y sociólogos ligados al mundo académico y sindical se está ultimando un documento titulado “Por un nuevo marco legislativo laboral”.

Se plantea como Pacto de Estado, más allá de perfiles políticos y con validez más allá de los límites de una legislatura, con espíritu de consenso “como el de los Pactos de la Moncloa”.

Sin aventurarnos a adelantar aspectos que aún parecen confusos, el elemento que más destaca del documento es el objetivo de avanzar en la “flexibilidad interna” y la atribución exclusiva de las funciones de negociación colectiva, conflicto y huelga a los sindicatos, eliminando otras formas de representación. Al tiempo, como si nada hubiera ocurrido y el escándalo no les empapara se afirma con rotundidad que, “Se debe abordar la regulación de la financiación de los sindicatos y de las organizaciones empresariales”.

 

Pero sin duda lo más llamativo del alcance del engranaje en marcha es que en el texto de la Proposición No de Ley (PNL) presentada por el PSOE y apoyada por Unidos Podemos, ERC, Compromís y Bildu presenta las mismas conclusiones que el documento de la citada FIDE. En ningún momento se hablaba en dicha PNL de restablecer derechos laborales y sociales arrancados a los trabajadores, sino de avanzar en la flexibilidad pactada con los “agentes sociales”.

 

 

9. Reubicaciones en la arena institucional y en la movilización.

 

Está clara, pues, la base sobre la que sustentamos nuestras advertencias ante los reiterados anuncios de “salidas de crisis”. Y es claro también que el bajón en las movilizaciones no se corresponde con las faltas de razones para las mismas. Son otras las explicaciones del cambio de ciclo en la movilización antirrecortes que vivimos.

Con respecto a la “gestión mediática” de la crisis por parte del poder, señalemos que hubo un tiempo en que uno de los factores que dopaban la movilización y la “sensación de crisis” lo constituía las comparecencias gubernamentales tras el Consejo de Ministros del viernes en que se anunciaban de forma cruda más ataques sociolaborales y en estrecha ligazón a reclamos de Bruselas. Sin embargo, a partir del precedente del autorrescate de la banca en 2014, desde las esferas del poder se ha avanzado mucho en autoimponerse las “obligaciones” de la Unión Europea (UE) antes de que se las impongan, a fin de no parecer que estamos intervenidos. Y ello coincide con el propio interés de Bruselas en no perder demasiada legitimidad y esconder el carácter imperial de la construcción europea, sobre todo en el último año.

Por cierto, que ese interés de la UE de jugar un perfil más bajo en los escenarios políticos de sus estados miembros coincide con la conveniencia de muchas “fuerzas del cambio” de no señalar consecuentemente a Europa como la verdadera razón de las políticas de recortes, para aumentar así el margen de politiquería local.

Justamente nuestra tarea principal como línea revolucionaria de intervención es llamar a insertar las movilizaciones y la acción de lucha contra los recortes sociales en una estrategia clara de confrontación con el núcleo que pilota la construcción imperialista europea. En todo momento y ante cualquier lucha parcial; también en las próximas convocatorias realizadas en el marco del 22M por más que se haya elegido un asunto concreto –el de las pensiones- como eje de la movilización.

Para asegurar el cumplimiento de esa tarea principal, y ante unos marcos de movilización afectados por un cambio de ciclo, hemos de reorientar nuestra intervención revolucionaria. Es más: se nos impone un balance de todo el período abierto con la crisis que estalló en 2008 y las masivas manifestaciones antirrecortes que terminó por acarrear.

Ese balance conlleva, por supuesto, un análisis de las modificaciones en el llamado tablero político y muy especialmente del escenario actual tras el largo período de elecciones vivido; un periodo electoral que, por supuesto, ha sido otro de los factores que ha jugado en contra de las movilizaciones y del que, como veremos, aún persisten coletazos del mismo. Hagamos un breve repaso del marco partidista institucional antes de entrar de lleno en lo que tiene que ver con la movilización y nuestra intervención en la misma.



No cabe duda de que la situación social y las movilizaciones terminaron por afectar al pacto de la transición en dos de sus elementos claves: el bipartidismo como eje de la gestión política y el “café para todos” como barrera para la cuestión nacional. Pero aunque el régimen vivió momentos graves de legitimidad, se demostró una vez más que la ausencia de una línea revolucionaria con fuerte implantación e inserción en las masas permitió que los poderes tuvieran margen suficiente para reconducir y enfriar la situación, por más que ciertamente no se haya vuelto a la misma estabilidad de antes de 2011.

En el capítulo nacional, el factor de inestabilidad se sigue circunscribiendo a Catalunya. Ante el “problema catalán”, el PP pretende hacer virtud de su gran límite histórico a la hora de llegar a acuerdos (compárese por ejemplo con el PSC de Pascual Maragall) y apuesta por mantenerse inmóvil e intransigente porque, cualquier otro tipo de negociación, podría hacerse a sus expensas. Así que, por más que actualmente muestre un cariz más dialogante de “asesoría de imagen”, espera que sean otros (los soberanistas) los que: a) o bien entren en una dinámica rompedora del “consenso constitucional” que no controlen y ello produzca disensiones internas, al menos entre los sectores más burgueses, ante la incertidumbre del “qué pasará”); b) o bien tengan que dar pasos atrás (de manera más o menos encubierta), y ello provoque una sensación de autoderrota dentro del movimiento soberanista. Esa parece ser la apuesta actual del gobierno de Madrid.

Ciertamente la cuestión nacional de Catalunya es el factor de desestabilización más importante en el Estado español en este momento, ya que sigue agravándose el conflicto mientras que los demás elementos de crisis que estallaban en 2011 siguen ahí pero suenan con sordina. Esto se debe a la sumisión del PSOE, al abandono de la movilización que ha supuesto la aparición de Podemos, a la disposición del PP por apuntalar el bipartidismo y a la voluntad de todos ellos para dar aire a la monarquía que estaba en un nivel de descrédito histórico.

 

Pero la crisis del régimen del 78 es evidente y la cuestión de Catalunya obliga a confrontar la ambigüedad de la Constitución donde en la literalidad pudiera caber un desarrollo más allá de la simple descentralización pero sigue el plan asimilista y uniformizador del aparato del Estado, que usa al TC para convertir esta relectura en "Ley".

 

El juicio al proceso participativo del 9N revela en qué punto estamos: el Tribunal Constitucional en su segunda prohibición al 9N obligó a la Generalitat a suspender su participación en un acto sin relevancia política, que se pudo calificar de encuesta masiva o de manifestación con urnas. Las declaraciones en sala de Artur Mas y las dos consejeras buscan convertir el juicio en político asumiendo sus actuaciones pero esquivando cualquier desobediencia y apoyándose en que facilitar el ejercicio de la libertad de expresión no tiene relevancia penal. Usan el juicio como altavoz de su causa pero sin plantear el escenario de la ruptura.

 

Sin embargo la relevancia del 9N de 2014 fue la participación masiva contra la indicación del TC para que no se celebrara -una desobediencia simbólica de más de 2.344.000 votantes que practicaron la soberanía ese día-. Las declaraciones públicas de Puigdemon y de los encausados son de que "no hay marcha atrás", y lo mismo se grita en la calle, de modo que el tronco central del independentismo, aunque algunos desearían agarrarse a algún pacto para desescalar la situación, sigue adelante hacia el choque institucional. La "operación diálogo" de Soraya Sáenz de Santamaría no ha dado ni una sola propuesta y se ha limitado a reunirse con Ciudadanos para montar la enésima persecución de empresarios afines a la ex-Convergencia.

 

La aprobación de los presupuestos de la Generalitat para 2017 ha despejado el camino institucional hasta septiembre con el horizonte del Referéndum. Se trata de un presupuesto neoliberal y autonómico más, controlado por la derecha nacionalista aunque ha hecho unas pequeñas concesiones sociales sin ceder en el terreno ideológico (los impuestos). Estas cesiones son unos cientos de millones para educación, la dotación de la renta garantizada, etc. que vienen de una décima más de margen de déficit autorizada por Montoro. La CUP se ha plegado a aprobarlos bajo chantaje de no poder hablar de nada más y para salvar el compromiso de celebrar el referéndum, el principal de la legislatura corta. En el debate interno ganaron los sectores municipalistas y tacticistas frente al principismo algo más clasista. La CUP no ha sido capaz de marcar su propio perfil de proyecto y ha estado centrada en el debate institucional. Sigue pendiente todo el debate de cómo organizar la desobediencia, trabajar unitariamente los contenidos para el referéndum y estructurar el movimiento desde abajo para el momento en que se enfrenten decisivamente legalidad y legitimidad. La dirección de la CUP es consciente de que tendrá que tirar del carro y que JuntsXSi está jugando básicamente a ganar simpatía internacional y no ha empezado la campaña interior.

 

Destaca el perfil bajo de ERC en todo este año y el esfuerzo del PDeCat por seguir planteando el pacto y el diálogo. Frente a las amenazas de suspensiones de competencias e intervenciones directas del gobierno central, esperan reforzar su posición ante la justicia internacional cuando la represión desborde la Constitución y les permita invocar el derecho del pueblo oprimido o colonizado.

 

La mesa del Pacto Nacional por el Referéndum que incluye a todas las entidades más o menos soberanistas (independentistas y comunes) lanza el manifiesto para buscar apoyos españoles e internacionales para un referéndum acordado. Parece que este es el último intento antes de que la mayoría -ya veremos cuántos siguen- emprenda la vía unilateral, a mediados de abril, hacia la aprobación de la Ley de Transitoriedad Jurídica y la convocatoria del Referéndum. Este se perfila como el momento de la verdad, que dependerá en gran medida de la capacidad y de la solidez de la movilización de masas que se pueda organizar, y el desenlace marcará la siguiente etapa de la crisis del régimen del 78.



En general, ya también en lo que se refiere a la gobernabilidad a nivel estatal, el PP intenta aumentar su (siempre problemático) margen de maniobra político en base a la degradación de la “izquierda”. La verdad es que las propias querellas internas del “lado progre” del tablero se lo está poniendo fácil a Rajoy. Hasta el punto de que este, ante temas como los presupuestos y la puesta en marcha de más recortes, utiliza el chantaje de nuevas elecciones para ir gobernando como si tuviera mayoría absoluta. En este sentido, aunque no estamos ya de lleno en el largo periodo de expectativas electorales, tal como hemos indicado antes, aún hay en el ambiente la posibilidad de que no se culmine la legislatura. Para colmo, la situación del PSOE ha hecho que dentro del mismo, entre los antisanchistas, y en caso de que las posiciones del exsecretario no quedasen suficientemente derrotadas, no falten quienes lleguen a especular con utilizar otras elecciones para visualizar una victoria aún más amplia del PP y así demostrar que Sánchez es un factor de amenaza para el mismo PSOE.

Sea como fuere, la debilidad del “sistema democrático” en su conjunto hace que se note menos la histórica debilidad en términos de presentabilidad democrática del PP. Este, corroído por los saltos a mansalva de corrupción, se aprovecha de que la banalización de esta (el acostumbramiento a la misma) hace que la corrupción no reste tantos votos como se podría haber pensado en un principio. Además, la estrategia de algunas secciones autonómicas de las “fuerzas del cambio” por poner en prioridad precisamente el ámbito de su marco autonómico -por ejemplo, en Andalucía: base importante el PSOE, y donde se utiliza también el asunto de la corrupción- amplia el margen relativo de maniobra para el PP.

Aprovechando el panorama de “su oposición”, el PP está enfriando esa histórica querencia en las altas instancias de la Unión Europea por el “centroizquierdismo” en España. Efectivamente, tal como desde Red Roja hemos señalado en más de una ocasión, en dichos ámbitos europeos siempre han visto al PSOE como el mejor “controlador social” ante ataques sociolaborales y mejor garante de la conquista de los mercados patrios en nombre de la “integración europea”, así como el más fiel defensor de los intereses geoestratégicos euroalemanes. De tal manera que Rajoy ha querido tomar distancia con ese Aznar que se llevaba todo el tiempo mirando en dirección a las Azores, incluso cuando se pavoneaba por las cumbres europeas, hasta el punto de que para las altas esferas de la UE pasó a integrar el equipo de indeseables junto con Berlusconi.

Así pues, a la hora de combatir esa idea de culpar de forma simplista a “la gente” de no hacer frente como es debido a la derechona, es importante explicar que la fuerza que mantiene aún el PP le viene en gran medida por deméritos ajenos. Hay que evitar que nos inoculen ese pesimismo que rezuma el siguiente lugar común: “cómo la gente va a abrazar proclamas y línea más radicales si, después de todo lo que ha caído, aún siguen permitiendo que la derecha gobierne”.

La situación en el PSOE. La “vieja guardia” felipista no aguanta ninguna revisión del régimen de la transición, ni siquiera de maquillaje, que podría darse ante cualquier acuerdo con las “fuerzas del cambio”. La “vieja guardia” felipista piensa que estas tendrían que presentar algo “de cambio” para justificar que no tendría sentido gritar “PSOE Y PP, la misma mierda es”. En realidad, dicha vieja guardia es quien más teme perder con una revisión (incluso de maquillaje) de la transición, al haber sido el eje central de la misma. Salvando las distancias, viene a jugar el mismo papel que aquellos franquistas-nostálgicos de la primera transición. Les pesan mucho el GAL, la masiva corrupción (precisamente ligada a los fondos reservados), las puertas giratorias por las que se sentaron en los consejos de administración de la oligarquía. Felipe González representa como nadie a ese nuevo búnker acompañado a toda Prisa por los principales protagonistas mediáticos del paso del franquismo a la “democracia contrainsurgente”. En comparación, el PP tiene mucho más amortizado políticamente que le sigan acusando de franquistas. Al respecto, Rubalcaba, en un reciente viaje a Cádiz, lo deja claro: ir contra la transición es ir contra su partido.

Aunque está más que claro que ni PSOE ni el PP se saldrán del guion establecido por las directivas europeas, que el primero haya permitido al segundo su reciente investidura no se enmarca exclusivamente en un pacto de gran coalición a la alemana tipo CDU-PSD. Tiene mucho de cálculo de una parte del PSOE –la más pringada por la historia de poder de este partido- por disputarle la gestión de la crisis a los pepistas, para lo que previamente necesitan ganar tiempo y alejar la amenaza de ser superado por Podemos. Ahora bien, en vistas de que el PSOE es el que más ha pagado la factura electoral, dentro del PSOE siguen siendo relativamente fuertes quienes ligan su futuro profesional en la política a ser oposición desde ya al PP disputando la hegemonía “por la izquierda” a Podemos, pero recogiendo parte de su discurso, aprovechando que estos además tienen un guirigay en los mismos discursos. Al fin y al cabo, Sánchez quería utilizar esa revivificación de la socialdemocracia que le brindaba buena parte de Podemos. También especulaba con que muchos dentro del nacionalismo catalán –que durante décadas han mostrado mucho seny y que siempre amagaban con irse pero finalmente se quedaban- tenían un problema… con el problema nacional catalán y confiaba en que un cambio de talante en Madrid le podía servir a los de Mas para zafarse de la CUP o no ser superados por Esquerra. A este respecto, son interesantes las recientes advertencias de Jordi Pujol acerca de cómo el partido de Junqueras pudiera ser el más favorecido del lío en que pudiera encontrarse la exConvèrgencia.

Pero uno de los síntomas de las crisis entre “los de arriba” es que temen cualquier concesión en sus peleas que desborde el vaso y les haga perder más de la cuenta. De ahí el “golpe de mano” de la banda de barones formada en torno a Felipe González contra los de Sánchez. Sin embargo, como suele pasar con los golpes de mano que se dan en situación de declive, si bien ha logrado afectar seriamente la posición de Sánchez, no podía dejar de hacerlo poniendo aún más en peligro los intereses estrictamente partidistas del partido. De ahí que surja la figura de Patxi López, postulándose como aquel que garantice mucho del sanchismo sin Sánchez (donde lo que hay es mucho postureo programático) pero, sobre todo, no poniendo en cuestión los capítulos más sucios del PSOE. ¿Acaso no es garantía para la “vieja guardia” que el exLehendekari haya sido figura clave en el partido socialista de Euskadi desde la década de los 80 con todo lo que eso ha tenido que conllevar?

Por su parte, los de Podemos, todas sus tendencias, como no pueden ser lo que “la indignación” que los parió quisiera que fueran (más allá de que muchos ahí ni quieran), han venido reproduciendo las disputas intra-organizativas propias de cualquier “vieja política”. Y en esas peleas, lo que se dice se adapta al objetivo intra-organizativo ambicionado. En muy poco tiempo han pasado del “tic tac” que parecía augurar el cambio total a coger los peores tics de la “vieja política”. Y si esto no les pasa más factura, es porque muchos que han canalizado electoralmente su indignación y protesta no van a elegir lo rancio ultraconocido porque lo nuevo esté cogiendo los mismos olores.

Por un lado están los que han ligado su posición en Podemos a seguir ocupando la centralidad del tablero: los errejonistas. Estos se han visto acusados de querer entrar en solapamiento con el PSOE o parte del mismo. Y están los que se ven más seguros en la centralidad de la oposición a tener que emular a Tsipras: los pablistas con su apuesta por solapar Podemos con la IU de Garzón. Finalmente tenemos los ex-izquierda anticapitalistas, quienes ligan su futuro inmediato a un discurso programático más radical pero negando que Podamos si previamente no se hace todo un recorrido por mejorar las correlaciones gubernamentales dentro de la Unión Europea, con Plan B de por medio, etc. etc. También es de esta ala donde surgen aquellos que viendo que no tienen mucho recorrido a nivel estatal, se ven con más futuro en la taifización de Podemos. Es el caso de Andalucía.

Pues bien, son precisamente estas dos corrientes últimas, junto con otras organizaciones que pretenden ocupar puestos en un ámbito de coalición tipo Unidos Podemos, las que más afectan a los marcos de movilizaciones en que actuamos.

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Los diferentes marcos de movilizaciones no podían dejar de ser afectados por el largo periodo de elecciones y la canalización electoralista de la “indignación” por parte de las “fuerzas del cambio”. Si bien, este no ha sido el único factor de ese bajón. Pues no se habría podido mantener un alto nivel de movilización sin una estrategia clara de cambio de poder que hiciera pagar claramente la crisis a quienes la habían provocado. Esto es muy importante remarcarlo porque debe formar parte del debate al interior de la línea revolucionaria de intervención en todo lo que se refiere al trabajo pendiente “en positivo” desde hace años de contribuir a desarrollar amplios referentes de masas directamente ligados a las líneas de demarcación históricas que revolucionan la realidad y no inmediatamente al programa comunista.

 

Tras el largo período electoral, hay fuertes intentos de adaptar las movilizaciones a los “objetivos de calle” expresados por las “fuerzas del cambio” una vez instaladas ya en la oposición parlamentaria; convencidas, como están, de que no pueden limitarse al mero trabajo parlamentario. Están obligadas a una cierta “tensión de pancarta” porque es muy reciente la condición de canalización de la protesta con la que se colocaron en el parlamento. Pero esta necesidad de calle está ligada al objetivo de desnaturalizar los fundamentos mismos de lo mejor de la movilización antirrecortes que se alcanzó con las Marchas de la Dignidad. No sólo hay un riesgo de desnaturalizar los contenidos ampliando los objetivos reivindicativos parciales y, en el mejor de los casos, diluyendo en ellos la consigna estratégica de poder del “no al pago de la deuda”. También está el riesgo de seguir creando ambientes autonómicos de actuación más adaptables a los objetivos de corte electoralistas de algunas organizaciones. Eso está ya pasando en el ámbito del 22M.

 

Por nuestra parte, no vamos a agarrarnos de forma ilusa al objetivo de volver a los mejores momentos del 2014 (que nosotros, en realidad, nunca hemos idealizado), ni vamos a esperar pasivamente a que automáticamente marcos como el 22M se recompongan ante una nueva avalancha de recortes y de ataques sociolaborales. Como decimos, se nos impone reorientar nuestra línea de intervención en estos marcos de movilización. Pero siempre partiendo de defender los lemas y contenidos programáticos relacionados con la línea de demarcación del No al Pago de la Deuda; y, consecuentemente, poniendo el acento en nuestra oposición a los dictados de la UE sin limitarnos a centrarnos en el gobierno de turno que nos toque sufrir. Esto es clave para la necesaria pedagogía en aras de la elevación de la conciencia popular y de la acumulación de fuerzas en la larga batalla de disputa de poder real que tenemos, y no sembrar ilusiones. Asimismo daremos prioridad a la unificación de las luchas frente al parcelamiento de las tablas reivindicativas.

 

Al tiempo, y a fin de encarar un periodo diferente de movilizaciones, hemos de trabajar por elevar la presencia en estas del movimiento obrero, asignatura pendiente del ciclo anterior. Esto requiere que reforcemos el sindicalismo alternativo realmente existente, aparte de que actuemos también en otras plataformas de trabajadores de base que han surgido: por la unificación de las luchas, contra el precarizado, etc. La experiencia demuestra que, para que podamos hacer nuestro papel en el movimiento obrero, lo mejor es que militemos en el sindicalismo alternativo; independientemente de que nuestra línea sindical alternativa (tal como se recoge en nuestros textos) no quede cubierta solamente con el sindicalismo realmente existente. Y es que hoy por hoy este nos ofrece una buena plataforma de partida.

 

En este sentido, uno de los factores a favor de que podamos hacer un trabajo de confluencia mayor en la esfera del sindicalismo alternativo es el derivado de las contradicciones que están surgiendo entre este, el sindicalismo alternativo, y las fuerzas políticas electoralistas, que están apostando por una “revivificación” del sindicalismo oficialista de CCOO y UGT.

 

Efectivamente, si el 22M surgió también como alternativa al “cumbrismo social” que vio la luz en julio de 2012 –y que fue creado en base a los sindicatos mencionados-, hoy el cambio histórico que debemos contribuir a pilotar dentro del 22M está también ligado a nuestra oposición a los intentos por darles a esos sindicatos un protagonismo que va en detrimento del sindicalismo alternativo.

 

Así que resultaría que, si en 2014, dentro del ámbito político, hubo un acercamiento “de circunstancias” a nosotros porque algunas organizaciones se habían encontrado superadas por la aparición de Podemos y temían ser marginadas, hoy ese acercamiento es muy posible que se dé por parte del sindicalismo alternativo, ya que además sufre una crisis de “existencia” en términos de afiliación y penetración en el “mundo laboral” dado los cambios precisamente en las condiciones de trabajo y de contratación que dificultan la fidelización sindical.

 

Por lo demás, una vez establecido un criterio general de línea de intervención -tanto de contenidos como de unificación de las luchas- la militancia tendrá autonomía para valorar cómo intervenir en las diferentes convocatorias de movilización que se sucedan por tal o cual reivindicación que se venga haciendo (cortes de luz, renta básica, vivienda, pensiones, etc.) más allá de las estrictamente relacionadas con el 22M. Y siempre desde esta convicción: si bien no podemos evitar que otros convoquen, con intenciones bien diferentes a las de una línea revolucionaria, aún menos pueden evitar ellos que, una vez las convocatorias lanzadas, y si actuamos con inteligencia, contribuyamos a que sus convocatorias terminen por superarlos.


Notas:

6Las salvajes presiones para obligar a los trabajadores fijos y con derechos a dejar “voluntariamente” el empleo en France Télécom rompió por algunos días la losa de silencio de los medios de comunicación sobre las condiciones laborales. http://internacional.elpais.com/internacional/2016/07/07/actualidad/1467878337_291430.html

8http://www.datosmacro.com/demografia/mortalidad/espana