Las Marchas de la Dignidad se solidarizan con la Huelga de la Enseñanza y llaman a la Juventud a ocupar su lugar en la lucha.

 

Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud.

 

Una de las formas más brutales de manifestarse la violencia social que ejerce el capitalismo sobre la inmensa mayoría es la negación del acceso al conocimiento - y tras él a un trabajo digno - a las hijas e hijos de la clase obrera.


A pesar de los innumerables esfuerzos realizados por políticos de todos los colores por negar la existencia de clases sociales, los datos reales la confirman sin cesar. Aún antes de la crisis, las desigualdades en educación eran abismales. La juventud hija de trabajadoras y trabajadores manuales tenía menos de la mitad de posibilidades que la media de acceder a estudios universitarios.


En la actualidad los recortes del gasto público, de las pensiones, las contrarreformas laborales, la caída de los salarios se suman y caen en avalancha sobre la misma gente: sobre quienes hacen con sus manos que la vida continúe cada mañana.


Poco más de la mitad de la juventud de 15 años llega a 4º de la ESO y lo que llaman fracaso escolar en barrios obreros - que es en realidad un crimen de destrucción masiva de cerebros por parte del capitalismo - es tres veces mayor que en barrios acomodados.


Mientras en distritos pobres el profesorado denuncia que las niñas y los niños pasan hambre y que han recortado masivamente las becas de comedor y ayuda escolar.


El desempleo “juvenil” superior al 60%, que otra vez recae sobre la misma clase obrera, se encadena con la precariedad de los contratos “en prácticas” - excelente subterfugio de la patronal para pagar la mitad del salario – y la precariedad masiva, incluyendo la esclavitud del trabajo negro o el desgarro de la emigración. Todo ello mientras se disparan los gastos militares al servicio de las guerras imperialistas con las que la OTAN extiende la dominación y el saqueo de EE.UU. y la UE.


Es esa explotación salvaje, con jornadas interminables, con horas extras no pagadas, la que tiene cara de joven, de mujer u hombre no tan joven y de inmigrante. Es esa cara diversa y compartida, que algunos "modernos" se resisten a llamar obrera, pero que en realidad es más proletaria que nunca.


Y es ese sector cada vez mayor de la clase trabajadora el que es olvidado por unos grandes sindicatos que cada día parecen más agentes laborales al servicio de la patronal.


Aún así, esa nueva clase obrera, en la que se mezcla la experiencia de organización y de lucha de unos pocos y el ímpetu y la voluntad creciente de combatir de otros, la que va construyendo los brotes de esperanza que es preciso generalizar. Son las luchas de los estibadores, de los despedidos del polideportivo Moscardó, de las Kellys, la reciente huelga de telemarketing, la lucha de desempleados, de pensionistas, la resistencia frente a los desahucios, contra los CIEs, la lucha antifascista y, ahora, esta nueva huelga general de la educación.


Las Marchas de la Dignidad saludan y apoyan incondicionalmente la lucha de la juventud estudiantil y la de las trabajadoras y trabajadores de la enseñanza por sus justas reivindicaciones. Al mismo tiempo les invita a incorporarse en cada barrio y en cada pueblo a los Comités que se están promoviendo por las Marchas de la Dignidad con el objetivo de fortalecer y aunar luchas y resistencias.


Queremos preparar así, construyendo la unidad en la lucha, la importante movilización que las Marchas preparan para el 27 de mayo, cuando compañeras y compañeros de todo el Estado español vendrán a Madrid con el objetivo de construir la fuerza necesaria para conseguir algo mucho más importante que quitar a unos para poner a otros: que el poder esté en manos de quienes creamos la riqueza y aseguramos la reproducción de la sociedad.


Contra la represión y por la AMNISTÍA.
Pensiones públicas y derogación de las contrarreformas laborales.
No al Pago de la Deuda. UE y FMI, fuera ya de aquí.