Introducción al Pensamiento Marxista

Los textos que presentamos a continuación están pensados como una herramienta de trabajo colectivo. Intentan promover y ayudar a un proceso de estudio, originariamente impulsado por la Cátedra de Formación Política Ernesto Che Guevara de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, pero destinado también a diversos colectivos de compañeros y compañeras de los movimientos sociales que hoy sienten la necesidad de la (auto)formación política.

El cuerpo central del volumen está constituido por una Guía de Estudios, concebida como una Introducción al Pensamiento Marxista. A esta Guía de Estudios la acompaña, como material de apoyo y profundización, una selección bibliográfica.

Además de haber trabajado en común con los compañeros del CEPIS de Brasil, hemos consultado y discutido los contenidos de la Guía con diversos movimientos sociales que nos acercaron sus necesidades, opiniones y sugerencias.

Inicialmente, la Guía circuló impresa en forma artesanal, tanto en nuestra cátedra como en diversos círculos de militantes, seminarios y cátedras de otras ciudades del país. A partir de esa demanda del material, consideramos oportuno reunir en un mismo volumen la Guía y parte de la bibliografía para facilitar la tarea.

Los manuales de marxismo

¿Por qué elaborar una nueva Introducción al Pensamiento Marxista si ya existen numerosos manuales de marxismo? Por diversas razones.

En primer lugar, la mayoría de estos manuales está estructurada a partir de una visión economicista del marxismo. El economicismo constituye una caricatura del marxismo. Una reducción extrema de las tesis de Marx, al punto que lo convierten, simplemente, en “un teórico de la economía”. Esto significa que, en todos estos manuales, la economía aparece separada y divorciada de la política (como si tuvieran existencia autónoma, como si fueran fetiches con vida propia). Y ambas –economía y política—, como si existieran al margen de la ideología, la cultura, la filosofía y el sentido común.

Por eso los manuales tradicionales de marxismo se editaban, habitualmente, del siguiente modo: Manual de economía marxista; Manual de filosofía marxista (bajo el título de Manual de materialismo dialéctico); Manual de sociología o teoría política marxista (que llevaba por título Manual de materialismo histórico). Como si estos “rubros” y “parcelas” del saber no formaran parte de una misma concepción unitaria de la sociedad y la historia.

En estos manuales, el marxismo se convierte en una “teoría de los FACTORES”. Es decir, que según la versión que los manuales intentan divulgar y difundir, para el marxismo, la sociedad sería algo así como una sumatoria: [Factor económico + Factor político + Factor ideológico]. Marx habría descubierto el primer “factor”, el económico. Habría que completarlo, supuestamente, con los factores restantes…

Esta visión, deformada y vulgar, constituye una simplificación absoluta del pensamiento revolucionario. Una simplificación, no porque explique este pensamiento en términos fáciles, comprensibles y accesibles a todos (lo cual sería muy bueno…), sino una simplificación porque lo deforma, lo mutila, lo segmenta, lo fractura y, finalmente, lo termina transformando en algo completamente inútil para pensar y actuar contra el capitalismo.

En segundo lugar, consideramos que esos manuales incurren en un mismo vicio de origen. No obstante haber sido confeccionados para divulgar el marxismo y haber cumplido esa función en determinado momento de la historia, todos estos manuales, sin excepción, en sus múltiples variantes (los stalinistas de la Academia de Ciencias de la URSS o del PC francés, los trotskistas del SWP norteamericano [Partido Socialista de los Trabajadores de EEUU] o aquellos que calcan y traducen al español los esquemas y recetas de Louis Althusser), parten de una misma concepción pedagógica.

En ella existe una rígida jerarquía entre “el que sabe” y “el que no sabe”. Entre aquel que, supuestamente, vuela velozmente por las altas cumbres de “la ciencia” y aquel otro que camina lentamente por el subsuelo ideológico del sentido común. A través del manual, el primero le “transmite” al segundo la doctrina y el sistema. En lugar de socializar el saber disminuyendo y tendiendo a disolver las jerarquías culturales, estos manuales terminan reproduciéndolas, en una nueva escala y con lenguaje “progresista”.

Sólo podría escaparse a esta reproducción de las jerarquías si el manual incluyera, de manera central y necesaria, una remisión a la experiencia vital y subjetiva del lector y la lectora, en lugar de presentarle las definiciones descontextualizadas y ordenadas al margen de la propia historia. De esta manera permitiría que quien se inicia en el estudio del marxismo pueda construir su propia aproximación a la teoría, a partir de sus propias necesidades.

Al presentar ya “cocinadas” las respuestas, previamente elaboradas por los autores del manual sin la participación activa del sujeto que lee, estudia y pretende (auto)formarse, el manual reproduce entonces esa jerarquía implícita. El lector debe aceptar que lo conduzcan de la mano, pasivamente, hacia la revelación de “La Verdad”.

Además, en ellos el saber no se concibe como una aventura abierta y en construcción sino como un círculo ya cerrado de antemano. En el manual todo está resuelto. El marxismo, nos previenen, ya solucionó todo. El marxismo, nos inculcan, tiene todas las respuestas acabadas. El marxismo, nos gritan, constituye una doctrina clausurada, terminada y férreamente circular. Un Sistema (con mayúsculas). Sólo nos resta repetirla, memorizarla y “aplicarla”.

Todas esas experiencias pedagógicas parten de respuestas preconcebidas en lugar de presentar preguntas e interrogantes abiertos. Cuando aparecen preguntas, si es que aparecen, lo cual es más bien raro, son sólo de repaso o de “aplicación de las definiciones aprendidas”. Su pedagogía es una pedagogía de la repetición, no de la pregunta ni de la interrogación.

Para leer el texto completo puedes descargarlo aquí.