Nuestros mártires en la Transición: José Luis Montañés Gil y Emilio Martínez Menéndez

En el recuerdo y el compromiso: El pasado sábado, 13 de diciembre, se cumplieron 35 años de los asesinatos de José Luis Montañés Gil y Emilio Martínez Menéndez....

El 13 de diciembre, en Madrid, tras una manifestación estudiantil contra la LAU (Ley de Autonomía Universitaria), mueren, a consecuen­cia de los disparos efectuados por la policía, los estudiantes José Luis Montañés Gil y Emilio Martínez Menéndez. Ese día se celebran cuatro manifestaciones en la capital. Una por la mañana, autorizada, que ha sido convocada por el movimiento sindical universitario, a la que asisten decenas de miles de estudiantes y en la que se producen fuertes enfrentamientos con la policía. Las otras tres tienen lugar por la tarde. Una en Cuatro Caminos, convocada por la Coordinadora de Enseñanza Media y Formación Profesional, en la que se reproducen los enfrentamientos con las FOP. Otra en la calle de Princesa, donde los estudiantes de las universidades madrileñas han organizado a la misma hora una concen­tración. Los integrantes de estas dos manifestaciones estudiantiles, di­sueltos violentamente por la policía, van protagonizando distintos «sal­tos» por el centro de la ciudad, acercándose a una tercera manifestación, convocada por CC.OO., USO (Unión Sindical Obrera) y el Sindicato Unitario, que en esos momentos transcurre por la calle de Embajadores. Los estudiantes y los obreros confluyen a la altura de la Ronda de Valen­cia, cerca de la Glorieta de Embajadores, donde se levantan barricadas para impedir el paso de los vehículos policiales. La dotación de un Land Rover policial comienza a disparar sus subfusiles y provoca dos muertos y varios heridos de bala. En el costado de un autobús de la EMT, cruza­do en la Ronda de Valencia, se pueden ver decenas de orificios de bala, a la altura de la cabeza de los manifestantes. Cuando la concentración está prácticamente disuelta, policías antidisturbios, en obvio estado de ebrie­dad, se dedican a introducir sus dedos en los agujeros que han provoca­do los proyectiles, entre risotadas, y chapotean con sus botas en los char­cos que la sangre de los muertos ha dejado sobre el asfalto.

Varios testigos presenciales de aquella barbarie somos citados a decla­rar ante el juez instructor del caso, Clemente Auger, magistrado del Juz­gado de Instrucción número 3, que, por primera vez en la Transición, solicita el procesamiento de tres policías como presuntos autores de un delito de homicidio. Son los funcionarios Antonio Francisco Garrido Sánchez, Juan José López Tapia y Manuel Ortega García.

La reconstrucción de los hechos realizada por el juez difiere enorme­mente de la versión oficial dada por la Dirección General de Seguridad y el ministro del Interior, Antonio Ibáñez Freire. José Luis Montañés in­gresa ya cadáver en el Hospital Provincial, a consecuencia de un disparo que le atraviesa el cuello. Emilio Martínez presenta una herida en el hemitórax derecho y se le extrae la bala. Se comprueba que ha sido dispa­rada por un policía nacional, Manuel Ortega García. Otro funcionario, Antonio Francisco Garrido Sánchez, reconoce haber disparado ocho ve­ces al aire. Sin embargo, sus balas hieren a Luis Sáenz Robles en una ro­dilla y a Esteban Montero en el cuerpo. Se producen enormes presiones policiales y hay una gran crispación en los centros sanitarios donde están ingresados los heridos. La policía intenta recuperar las balas.

La versión policial de que el jeep estaba acorralado no se sostiene, la desmienten numerosos testigos presenciales y, además, resulta elocuente comprobar la ubicación de algunos de los heridos: María Patricia McNaurty, de nacionalidad británica, que se encuentra visitando Madrid como turista, recibe un impacto de bala en la calle de Bernardino Obregón. Es­teban Montero es herido de bala cuando está en la Glorieta de Embajado­res. Sólo Luis Sáenz Robles recibe el disparo a menos de 50 metros del jeep, cuando está junto a la calle de Valencia. Pero el gobernador civil Juan José Rosón no varía su versión. Continúa sosteniendo que el jeep policial ha sido agredido y rodeado, a pesar de las evidencias en contra que va des­velando la instrucción judicial. El sumario cuestiona también claramente las roturas que presenta el vehículo, supuestamente maquillado para la ocasión por orden del comandante de las FOP Jaime Togores Franco Ro­mero, jefe de servicio en la DGS el 13 de diciembre, quien, según sus pro­pias declaraciones, se encarga de conducir él mismo el coche policial, des­de la casa de socorro a las dependencias de la DGS en la Puerta del Sol. La dotación del jeep tarda más de tres horas en llegar desde el lugar de la ma­nifestación hasta el centro sanitario, que está a menos de dos kilómetros. Al parecer, «por problemas de tráfico». Los policías presentan también nu­merosas piedras que, según ellos, han sido lanzadas contra el Land Rover. Luego se comprueba que proceden de un río.

Televisión Española repite hasta la saciedad que a José Luis Monta­ñés se le ha encontrado una bolsa con setenta mil pesetas. Lo que no se aclarará más tarde en la pequeña pantalla es que, investigada la proce­dencia del dinero, se puede comprobar que el estudiante fallecido traba­jaba como cobrador en la agencia de viajes Marsans y ése es el resultado de la recaudación del día. Todos los sobres con el dinero llevan el mem­brete de Marsans. Uno de ellos, que contiene 38.403 pesetas, está, curio­samente, a nombre de la mujer del ministro de Universidades, González Seara. Es el pago por unos billetes para el vuelo Madrid-Viena.

El día de la reconstrucción judicial de los hechos, dirigida por Cle­mente Auger, los policías presentes no cesan de amenazar e intimidar a quienes hemos sido citados como testigos y el juez tiene que ordenarles que se retiren unos metros. Cuando la autoridad judicial desaparece, destro­zan a patadas el pequeño túmulo construido con velas en el lugar donde cayeron muertos los dos jóvenes. Un documental elaborado en súper ocho por dos estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Información, en el que se recogen esclarecedores testimonios y se reconstruyen minu­ciosamente los hechos, es secuestrado por la autoridad gubernativa, que también ordena detener a los autores de la cinta.

El juez Clemente Auger eleva la instrucción del caso a la Audiencia Provincial, solicitando el procesamiento de los tres policías. Forman par­te de la Sección 1ª de la Audiencia Provincial los magistrados Francisco Alberto Gutiérrez Moreno y Alberto Leiva Rey, este último ha sido go­bernador civil de Sevilla en vida de Franco. Cuando tomó posesión de ese cargo en la ciudad hispalense, manifestó públicamente en su declara­ción de intenciones: «Hago poco, pero duro». Y el gracejo sevillano lo bautizó como «el Estreñido». Preside la sala el magistrado Luis Pérez Lemaur García, a quien le gusta lucir ostensiblemente la bandera nacional con el aguilucho franquista en su chaqueta. El procesamiento de los tres policías es denegado y se archiva el caso.

Cinco años más tarde, el 13 de diciembre de 1984, uno de los testi­gos de las muertes de José Luis y Emilio, José Luis Carrero Arranz, par­ticipa en una manifestación en recuerdo de los dos jóvenes asesinados, que también es reprimida por la policía. Cuando ya se retira de la zona, recibe un balazo por la espalda. Afortunadamente, el disparo de la poli­cía no le afecta a ningún órgano vital y consigue salvar la vida. En el hos­pital del ICE (Instituto de Cirugías Especiales), en San Bernardo, donde es operado con éxito el herido, se vuelve a repetir una historia ya vivida en 1979. Ahora está en el gobierno el PSOE y el ministro del Interior es José Barrionuevo, antiguo miembro del SEU franquista, reconvertido al socialismo de Felipe González, pero hay cosas que no cambian. Esta vez. los policías sí consiguen arrebatar el proyectil a los médicos. Dos agentes esperan a pie de quirófano a que termine la intervención y obligan al ci­rujano a que les entregue la bala que ha herido a José Luis Carrero. Nun­ca se sabrá qué policía disparó contra él.”

De La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos. OBERON 2004