José Antonio Ramón Teijelo: un preso político entre el silencio y el chantaje

José Antonio Ramón Teijelo comenzó su militancia política en la OMLE (Organización Marxista Lenista de España) el año 1.972. a partir de 1.973 fue responsable local de la OMLE en Sevilla y más tarde responsable Regional. Nacido en Ponferrada en 1.947, un tío suyo médico fue asesinado por los fascistas en las montañas del Bierzo cuando regresaba de atender a un paciente por su colaboración con la guerrilla antifranquista.

En junio de 1.975 tiene lugar en Cantabria el Congreso de reconstitución del Partido. La OMLE se convierte en el PCE® y José Antonio Ramón Teijelo entra en la dirección del Partido un año después en 1.976, trabajando desde el principio en el aparato de propaganda. En 1.976 sufre su primera detención cumpliendo condena en Sevilla entre otros con José María Sánchez Casas. Es nuevamente detenido el 9 de octubre de 1.977 en Benidorm junto con todo el Comité Central del PCE® en la primera reunión plenaria del Comité Central después del II Congreso. En el momento de la detención el comisario torturador Roberto Conesa le abrió una brecha en la cabeza con la culata de su pistola. En esta época todavía se condenaba a los militantes del PCE ® por asociación ilícita no por integración en banda armada como desde hace unos años (con condenas ahora sustancialmente superiores).

Detenido otra vez en 1.979 es torturado, entre otros, por el psicópata fascista José Antonio González Pacheco, Billy el Niño. Está preso en Carabanchel cuando muere en esta prisión por las torturas infligidas el militante vasco Joseba Arregi. Queda en libertad en 1.981.

Nuevamente detenido en diciembre de 1.982 es brutalmente torturado y tiene que ser hospitalizado, durante más de dos meses no pudo ponerse ningún calzado por la hinchazón de los pies salvajemente golpeados. Fue excarcelado en 1.991 por cumplimiento de condena, después de participar en la huelga de hambre que causó la muerte de Juan Manuel Sevillano. Tras su salida de la cárcel pasa a Francia y desde la clandestinidad dirige el aparato de propaganda.

Licenciado en Historia trabajó en la redacción del libro “Aproximación a la Historia del Partido Comunista”.

Por divergencias organizativas y en el método de trabajo es expulsado del PCE® entre 1.997 y 1.998, si bien no se hizo pública la misma hasta el año 2.000.

Militante comunista infatigable organizó la Fracción Octubre, siendo nuevamente detenido en Francia el año 2.005, cumplió condena en Francia por Asociación de Malhechores con fines terroristas y tenencia de documentación falsa. Al finalizar la condena fue entregado a las autoridades españolas y encarcelado en Soto del Real.

A partir de este momento prosigue un calvario lleno de montajes judiciales y fabricación de pruebas falsas orquestado por la Guardia Civil.

Lo acusan de haber ordenado la colocación de una bomba en la COPE de Barcelona. Acusación que lo mantiene sin fundamento en la cárcel hasta que con fecha 23-09-2008, la Sección Segunda de la Audiencia Nacional lo absolvió de un delito de estragos terroristas.

En diciembre de ese mismo año la Sección Primera de la Audiencia Nacional estima el artículo de previo pronunciamiento de cosa juzgada y tiene que archivar una causa por pertenencia a banda armada por aplicación del principio “ne bis in idem”, al haber sido juzgado y condenado en Francia por este mismo motivo

El año 2010 abren una nueva causa por extorsión a empresarios para que pagasen el impuesto revolucionario. También tienen que archivar este procedimiento dictando Auto de sobreseimiento el 16-09-2011.

La Guardia Civil le dice “tantas veces como tus abogados te pongan en libertad otras tantas veces te detendremos”. Así lo hacen.

En julio de 2012 es detenido en un pueblo de Sevilla junto con su compañera Manuela Ontanilla. Esta vez lo acusan de participación en el secuestro del empresario de la sanidad privada Publio Cordón (propietario de la aseguradora Previasa y de las clínicas Quirón). Permanece en prisión provisional hasta el 7 de noviembre de 2013, en que la Sección Segunda de la Sala de lo Penal estima el recurso de apelación interpuesto y lo pone en libertad provisional.

Pese a cumplir escrupulosamente la obligación de firma, primero diaria y luego quincenal y ser autorizado por el propio juzgado a viajar por tres veces a Francia para ver a su compañera que trabaja allí, por presiones de la Guardia Civil en octubre de 2015 se revoca su libertad provisional por apreciarse un imaginario riesgo de fuga. Algo absolutamente inconsistente, pues regresó voluntariamente de Francia para que le notificasen el auto de procesamiento e inmediatamente fue detenido.

Desde entonces está en la prisión de Campos del Río en Murcia. Lleva más de dos años y medio en prisión provisional (en dos periodos) y la causa no está cerrada aún después de cuatro años y medio de instrucción. El único motivo para mantenerlo en prisión es que se niega a realizar una declaración autoinculpatoria sobre hechos que no conoce ni a delatar a ningún antiguo camarada.

Las presiones que sufre son constantes y para ello el Estado no se priva de ninguna suciedad, recurriendo al chantaje. Su compañera Manuela Ontanilla es usada como pieza de una extorsión permanente. Fue detenida y pasó 6 meses de prisión en Badajoz por una causa que finalmente fue sobreseida, naturalmente el Estado no ha indemnizado esta privación de libertad. El único objetivo era doblegar la voluntad de José Antonio Ramón Teijelo y convertirlo en confidente. Ahora a Manuela y también a Teijelo, nuevamente les han reabierto una causa que fue archivada en 2011 y el Estado español ha solicitado su extradición a Francia porque súbitamente han aparecido nuevas pruebas que la incriminan en hechos sucedidos en la primavera de 1.998.

Por su fuera poco el acosamiento, en octubre de 2016 han abierto otra causa, esta vez a Teijelo y a Manuel Pérez Arenas por una bomba colocada el 2 de abril de 1.998 en la sede de Previasa. Dieciocho años después aparecen indicios desconocidos.

Se trata que o bien coopere con la Guardia Civil, fiscales y jueces, se arrepienta de ser comunista y denuncie o bien muera en prisión.

José Antonio Ramón Teijelo cumplirá 70 años el mes de abril de 2017, tiene la salud quebrantada por años de prisión, huelgas de hambre y clandestinidad. Padece una patología cardiaca severa, hipertensión y ha sufrido dos ictus graves que han necesitado hospitalización. En la huelga de hambre de 1.991 en la que murió José Manuel Sevillano sufrió una septicemia que puso su vida en grave riesgo.

Su caso demuestra la iniquidad ética de un Estado despiadado e inmoral que utiliza todos su arsenal represivo para doblegar a un comunista honesto que siempre se ha dedicado a la realización de trabajos ideológicos y de propaganda. La detención de julio de 2012 impidió que presentara su tesis doctoral sobre los orígenes de la OMLE, la organización en la que comenzó su militancia comunista hace 44 años.

Nuestros mártires en la Transición. En el recuerdo y el compromiso. 40 años del asesinato de María Norma Menchaca Gonzalo y 38 de los de Germán Rodríguez y José Ignacio Barandiaran Urkiola.

 

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.” Rodolfo Walsh.

El 8 de julio (de 1976), en Santurce, muere María Norma Menchaca Gonzalo, de 44 años. Norma baja de su casa, con varios vecinos más, a celebrar el Día de la Sardina, mientras en otro lugar del pueblo, muy cerca, tiene lugar una manifestación a favor de la amnistía para los presos políticos antifranquistas. Las carreras y las cargas policiales ya están casi finalizando
cuando suena un disparo, realizado, según numerosos testigos presenciales, por un elemento parapolicial infiltrado entre los manifestantes. Norma cae herida de muerte. Ese día, los ultraderechistas, vestidos con camisa azul de arrantzale y pañuelo al cuello, y protegidos por la policía, hieren también de gravedad a otras dos personas, Sebastián Peña y José Unamuno. «A mi madre la mataron conocidos fascistas de aquí del pueblo, guerrilleros de Cristo Rey que se habían disfrazado de pescadores», asegura Roberto Fernández Menchaca, hijo de la fallecida, 26 años después del crimen. « A uno de ellos Ie llamaban "el Chape", y cuando, al día siguiente del fallecimiento de mi madre, yo fui a hablar con el gobernador civil, él salía de su despacho. Le dije: "Deténgalo, gobernador, que ése es uno de los que mataron a mi madre..." Por poco me detiene a mí».

Las autoridades sacan el cadáver de Norma del hospital, le hacen la autopsia y después lo entierran sin pedir siquiera permiso a los familiares de la fallecida, que, durante mucho tiempo, no pueden saber con seguridad cual es la tumba en la que deben depositar sus flores. El Juzgado de Instrucción número 5 de Bilbao abre diligencias por la muerte de Norma, pero poco después son sobreseídas, «al no aparecer elementos suficientes para acusar a determinada persona como autor, cómplice o encubridor del delito perseguido».

En 2002, la Audiencia Nacional reconoce el derecho de Norma Menchaca a ser considerada, a todos los efectos, víctima del terrorismo. Uno de los pocos casos en los que se ha conseguido esta consideración para una persona asesinada por la extrema derecha franquista durante la Transición. Su familia debe ser indemnizada con casi 140.000 euros.

“- El 8 de julio (de 1978), en Pamplona, muere Germán Rodríguez por disparos de la policía. Esa tarde, la plaza de toros de la capital navarra está a rebosar. Se celebra una de las corridas más esperadas de la feria de San Fermín. Al final de la lidia, un grupo de mozos salta al ruedo con una pancarta en la que se puede leer: «En San Fermín, todos los presos a casa» “(38)”. La pancarta da lugar a una agria división de opiniones entre el público y a algunos enfrentamientos individuales. En ese momento, cuando en el ruedo se en­cuentran decenas de chavales de las secciones juveniles de las peñas, que habitualmente entran en la plaza para poder integrarse en el desfile, apare­cen las FOP sobre el albero, con el comisario Miguel Rubio al frente. Esta irrupción provoca enorme indignación en los tendidos, desde los que co­mienzan a arrojarse almohadillas y todo tipo de objetos. Ante la reacción del público, la policía retrocede, mientras cientos de personas huyen hacia las salidas de la plaza, provocando grandes tapones humanos. Posterior­mente, el conflicto se generaliza en las calles adyacentes al coso y, después, en toda la ciudad de Pamplona, donde se libra una batalla campal hasta la madrugada. En el cruce de las calles de Roncesvalles y Paulino Caballero, una dotación de la policía baja de un autobús disparando. Una de sus ba­las alcanza mortalmente al joven Germán Rodríguez, militante de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). El balance de la refriega es tremendo: 40 personas ingresadas en el Hospital de Navarra, 12 en la Clínica Univer­sitaria, 33 en la Residencia Virgen del Camino y tres en la Clínica San Juan de Dios. Horas más tarde, el gobernador civil, Ignacio Llano, declara que él no ha dado la orden de intervenir a las FOP y que su irrupción en la plaza es responsabilidad exclusiva del mando de la dotación local de la Policía Armada, un ex legionario, el comandante Fernando Ávila.

Al final, no se deducen responsabilidades penales ni disciplinarias contra los mandos policiales o los autores directos de la muerte de Ger­mán. Según declara Martín Villa, en Pamplona se han realizado, durante la noche de los incidentes, siete mil disparos de material antidisturbios y 130 disparos de bala. En sólo seis horas. Y con todo el fuego concentra­do en una zona del segundo Ensanche de la ciudad. A pesar de tan enor­me e inusual derroche de munición, la policía continúa disponiendo de material antidisturbios, lo que hace suponer que estaba previsto hacer frente a un incidente como el que se ha producido.

El ministro del Interior intenta tergiversar los hechos, pero numero­sos testimonios de testigos presenciales lo dejan todo muy claro: a Ger­mán Rodríguez lo mata la policía. En árboles, vehículos y edificios que­dan incrustadas decenas de balas que provienen de las mismas armas que matan al joven navarro. Las comisiones investigadoras de Pamplona, San Sebastián y Rentería elaboran un demoledor dossier, «Castigo a los cul­pables», en el que se recoge toda esa información.

Como consecuencia de su actuación durante los sangrientos «sanfer­mines» de 1978, el comisario Rubio es trasladado a la localidad valencia­na de Xirivella, donde se producen fuertes manifestaciones en protesta por el nuevo destino que se le ha concedido.

- El lunes 10 de julio, la protesta por la muerte de Germán Rodrí­guez se extiende a todo Euskadi y hay un nuevo muerto. En San Sebas­tián, José Ignacio Barandiaran Urkiola, de 19 años, natural de Astigarraga, fallece a consecuencia de un disparo en el pecho, cuando se manifiesta en las inmediaciones de la cuesta de Aldapeta. Como es habitual, el Mi­nisterio del Interior responsabiliza de esta muerte a la agresividad de los manifestantes, que, supuestamente, intentan asaltar el cuartel de la poli­cía por las armas. La Consejería de Interior del Consejo General Vasco hace pública una nota que desmiente esa inverosímil versión: «En el día de hoy se ha producido una manifestación hacia las nueve y media de la mañana, formada por empleados de Banca y Cajas de Ahorro y Seguros. La manifestación, que ha discurrido por numerosas calles de San Sebas­tián, se ha desarrollado de forma total y absolutamente ordenada y pací­fica hasta la calle de Urbieta, en la que ha hecho presencia la Policía Ar­mada, disolviendo la manifestación y haciendo uso de pelotas de goma».

«Posteriormente, un pequeño grupo se ha dirigido a las inmediacio­nes de la cuesta de Aldapeta, que conduce al cuartel de la Policía Arma­da, momento en el cual, dos policías armados y dos policías de paisano subían por las escalerillas que conducen al cuartel. Uno de ellos, vestido con un jersey polo color granate, pantalón marrón y gafas, ha comenza­do a disparar con una pistola en dirección a los manifestantes que se en­contraban en el cruce de las calles de Víctor Pradera y San Bartolomé. El otro presunto policía de paisano, vestido con camisa blanca, ha forcejea­do con el que efectuaba los disparos para tratar de impedirlo, sin haberlo conseguido, interviniendo posteriormente la Policía Armada, que ha lo­grado que cesaran los disparos. La persona que los ha efectuado se en­contraba en un alto grado de excitación y sujetaba la pistola con ambas manos, apoyándolas en la barandilla de la cuesta de Aldapeta. Instantes después, en medio de una nube de humo producida por los botes que lanzaba la policía, ha sonado una ráfaga de metralleta y dos o tres dispa­ros aislados, alcanzando una bala en el pecho al joven de 19 años José Ignacio Barandiaran Urkiola, causándole la muerte. Los testigos presen­ciales afirman que la ráfaga de metralleta ha partido de un policía arma­do que ha salido de un jeep que se encontraba a unos quince metros del inicio de la cuesta de Aldapeta, sin que en ningún momento mediara agresión armada por parte de los manifestantes a las FOP, ni éstas se en­contraban acorraladas o sitiadas, ni en situación de dificultad, como se demostró posteriormente al cargar y disolver a todos los manifestantes sin grandes dificultades.»

La huelga general se extiende, y el miércoles 12 de julio todo Euskadi está prácticamente paralizado. A mediodía del día siguiente, cuando se va recobrando poco a poco la normalidad, una compañía especial de la Policía Armada, integrada por 200 hombres y procedente de Miranda de Ebro, ocupa las calles vacías de Rentería y destroza a culatazos las vitri­nas de numerosos escaparates, mientras sus integrantes disparan a las ventanas de las casas pelotas de goma y botes de humo. Numerosas foto­grafías muestran a los policías sustrayendo objetos de los escaparates des­trozados.

Martín Villa acuña entonces una de sus frases más lapidarias: «Lo nuestro son errores. Lo otro son crímenes».”

“(38) Desde un par de meses atrás, varios jóvenes navarros estaban encarcelados acusados de haber intervenido en la muerte del subteniente Etseberri. El 11 de mayo, un grupo de incontrolados había recorrido el Casco Viejo de San Sebastián, empuñando porras y cade­nas y amenazando a los transeúntes con pistolas. Hubo numerosos enfrentamientos, algu­nos de gran dureza, y uno de los «incontrolados» fascistas recibió una cuchillada mortal. Era el subteniente de la Guardia Civil Juan Etseberri. Otro «incontrolado» resultó herido: más tarde se pudo comprobar que era el policía José San Martín.”

** Tomado de La sombra de Franco en la Transición de Alfredo Grimaldos. OBERON 2004

 

Lumumba en nuestra memoria

A comienzos de este 2016 se cumplían 55 años del asesinato del primer ministro de la República Democrática del Congo (RDC), Patrice Lumumba. Lo que a todas luces suponía un asesinato político perpetrado por la CIA y los servicios de inteligencia belgas, tal y como se expresaría en boca del Ché de forma magistral el 30 de noviembre de 1964 en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, ha venido siendo reconocido por las propias instituciones belgas y estadounidenses en los últimos años. Pero aceptar un crimen de estado (aunque nunca es presentado como tal), puede suponer levantar muros con respecto a ese pasado, intentar enterrarlo, fomentar la desmemoria, como si nuestro presente no tuviera nada que ver con todo eso. Lo que pretendemos aquí es precisamente lo contrario. Señalar a los asesinos, sí, a los cómplices del terrorismo de estado, para luego avanzar hacia las causas de fondo, el tejido de la historia que llega hasta nuestro presente y nos desborda.

En la actualidad política, cuando se habla de la Unión Europea y de la necesidad de democratizarla, de avanzar en un marco jurídico que posibilite la vuelta de un estado del bienestar en su seno, muchas personas -cada vez más- gritamos bien alto que no es posible. Que no es posible y que no es deseable. No es posible porque bajo el capitalismo, la democracia no puede ser más que formal -en el mejor de los casos-, y no es deseable porque el estado del bienestar sólo ha sido posible históricamente gracias al colonialismo y al expolio neo-colonialista por parte de Europa y Occidente, en suma, que sólo ha sido posible gracias a ese imperialismo del que el Ché nos alertaba que no podíamos fiarnos “ni un tantito así”. Efectivamente. Y qué mejor ejemplo que la vida y muerte de Lumumba, así como la historia reciente de su país, la RDC, para mostrarlo.

Lumumba nació en un país colonizado, en lo que fue la joya de la corona de Leopoldo II, finca privada de la familia real belga y tierra de extraordinaria riqueza y -consiguientemente- extraordinarios beneficios para las empresas estatales y privadas belgas. Hablamos del Congo Belga. El Congo Belga era otro episodio más del fenómeno de la colonización europea de África, que iba vinculado, no sólo a una explotación salvaje de la mano de obra nativa y un expolio sistemático de sus recursos naturales para beneficio de la metrópolis, sino a un discurso racista que defendía la supremacía blanca y europea sobre los africanos (como desgarrador ejemplo, valga el famoso discurso sobre África de Víctor Hugo en 1879 ). Vale la pena recordar que Lumumba, que participaba en la vida política nacionalista del país en la década de 1950, vio una expresión de este racismo europeo en su visita a Bélgica como representante del Partido Liberal en 1958. En ese año se desarrolló, por primera vez tras la Segunda Guerra Mundial, la Exposición Universal, que tuvo lugar en Bruselas. Esta Exposición estuvo marcada por el escándalo que produjo la exposición de una aldea congoleña, al más puro estilo de los zoológicos humanos que tan comunes fueron en Europa desde finales del siglo XIX, exposición en la que los propios visitantes tiraron plátanos a los congoleños allí reunidos. Efectivamente, esto ocurría en Bruselas, un país que gozaba, como Francia o Inglaterra de un maravilloso sistema de bienestar; ocurría a apenas 5 km. de lo que años más tarde serían la sede del Consejo y la Comisión Europea, en un país que fundaría, pocos años antes, la CECA (1950), germen de la Comunidad Económica Europea y de nuestra actual Unión Europea. Los delegados congoleños en dicha exposición, evidenciando aún más el carácter colonialista y racista de Bélgica, redoblaron y radicalizaron su discurso anticolonialista e independentista, forzando lo que sería en 1960 la independencia del Congo.

Las ansias del movimiento de masas que supuso la independencia congoleña, podemos verla reflejada en el discurso ofrecido el 30 de junio de 1960 ante el rey belga, por parte de quien se había convertido tras unas elecciones en primer ministro congolés: Patrice Lumumba. En él, Lumumba no olvidaba el pasado colonialista y llamaba a romper con las políticas que beneficiaban a los extranjeros, para pasar a desarrollar un país en el que las riquezas redundasen en el pueblo congolés. Por supuesto, esto no era de agrado de la potencia colonial ni de sus aliados occidentales, que no permitirían abandonar lo que, de hecho, era un nicho de expolio y mercado muy beneficioso. En primer lugar, las potencias capitalistas hicieron la vista gorda y aceptaron una de las claúsulas de independencia, totalmente contraria a derecho internacional, como era que el nuevo país, la RDC, asumía la deuda interna belga que correspondía a los préstamos recibidos, en teoría, para desarrollar el país africano; ni que decir tiene que el dinero fue destinado a infraestructuras para las empresas mineras y los colonos belgas. En segundo lugar, programaron una desestabilización del país -a nivel militar y territorial- que desembocaría en un golpe de estado y asesinato del líder Lumumba, para sesgar las ansias de cambio político y dar un golpe en la mesa en el joven país. Así sucedió con el secuestro, tortura y asesinato de Patrice en enero de 1961. Por otra parte, suponía una advertencia al continente: que nadie juegue con los beneficios de las grandes empresas europeas en África. Un triste presagio que se cumpliría en las siguientes décadas, cuando en 1965 es expulsado del poder Ben Bella en Argelia y es asesinado el marroquí Ben Barka, cuando en 1977 aesinan a Steve Biko o en 1987 a Sankara...o cuando invadimos Libia en 2011.

El futuro de la RDC no será más alentador. Las guerrillas, la desestabilización política de los países vecinos -Ruanda y Burundi, principalmente- y los enfrentamientos étnicos, fueron el caldo de cultivo perfecto para evitar cualquier control por parte de los jóvenes estados de los recursos minerales de los que tan ávido están las empresas tecnológicas europeas. La RCD concentra el 80% de coltán del mundo y los beneficios millonarios que dan a las multinacionales europeas están íntimamente vinculadas con la pobreza a la que sumen a estas poblaciones y al macabro triángulo generado entre estas multinacionales -empresas extractoras, como la Sociedad Minera de los Grandes Lagos-, bandas guerrilleras y gobiernos corruptos.

Si viene hoy Lumumba a nuestra memoria, no debe ser para lamentar su muerte y dejar de mirar atrás, sino para rastrear a aquellos que lo asesinaron, a aquellos que fueron cómplices de su muerte para aumentar sus beneficios; cuyos herederos políticos están hoy sentados en consejos de administración de grandes empresas y parlamentos. Lumumba viene para mostrar el rostro asesino de esta Unión Europea, la naturaleza racista, deshumanizada y fría -como frías son los cálculos de beneficios- de la Europa del capital.

 

** Sergio Almisa del Colectivo Resistencia de Cádiz para la revista Cuba+

 

Hace 37 años asesinaban al comunista vasco Francisco Javier Martín Eizagirre.

Francisco Javier Martín Eizaguirre, el 28 de junio de 1979:

La vital importancia de Francisco Javier Eizaguirre en el comunismo español
Nació en el seno de una familia obrera de Erandio (Vizcaya), el 4 de diciembre de 1937. Era el cuarto de seis hermanos. Con 20 años fue uno de aquellos trabajadores emigrantes que tuvo que viajar hasta Francia para escapar de la miseria y la represión fascista en los años cincuenta.
Comenzó su militancia revolucionaria desde muy joven, primero en el PCE. Fue miembro del Comité para Europa de Comisiones Obreras. Protagonizó una de las rupturas con el carrillismo dentro de la emigración española por su política revisionista y traidora hacia el movimiento obrero.
Formó en Francia los Comités de Apoyo a la lucha del Pueblo Vietnamita y Cubano. Militaba en una organización guevarista formada por emigrantes y exiliados que trataban de organizar la lucha armada antifascista en el interior de España. En 1967 fue uno de los dirigentes de la Organización Comunista Marxista Leninista, radicada en París, donde participó activamente en las grandes movilizaciones de mayo de 1968.
Junto con ellos y otras organizaciones de refugiados, fundó en 1968 en Bruselas la Organización de Marxistas Leninistas de España. A partir de ese momento su principal objetivo fue la reconstrucción del Partido Comunista, consciente de que es indispensable para acabar con la explotación de la clase obrera y con la opresión nacional que sufre el pueblo vasco.
En 1971 se encarga del Comité de Dirección así como de las relaciones internacionales de la OMLE en París. Dos años después edita en Francia y Bélgica la revista mensual Noticias de España para ser distribuida entre los obreros emigrantes españoles.
Por ser el camarada más veterano de la Organización, en 1973 presidió la III Conferencia de la OMLE y el 8 de junio de 1975 en Torrelavega (Santander) fue secretario de la mesa en el Congreso Reconstitutivo del PCE(r), participando activamente en la elaboración de la Línea Política, el Programa y los Estatutos.
Por tanto, él fue el fundador y primer presidente del PCE(r) en el que formó parte, desde el principio, del Comité Central. Desde París, desempeñó un papel fundamental en la Comisión de Relaciones Internacionales. Mantenía contacto con las embajadas de China y Albania, con organizaciones comunistas de todo el mundo y difundía la revista de información exterior del PCE(r), que se llamaba España Antifascista.
Clandestinamente, Eizaguirre trasladaba al interior de España los documentos que los comunistas del mundo entero estaban divulgando para frenar las nuevas tendencias revisionistas.
En octubre de 1977 todos los militantes del Comité Central del PCE(r) fueron detenidos en Benidorm por la policía política del régimen y, entre ellos Eizaguirre, que intentó fugarse de los gases lacrimógenos que había lanzado la policía dentro de la vivienda saltando por una ventana y rompiéndose una pierna. Pese a ello, fue abandonado en el patio del cuartel de la guardia civil de Benidorm un día entero y luego fue torturado en la comisaría de policía. Después pasó unos meses en el Hospital Penitenciario de Carabanchel (Madrid), donde pudo ser finalmente escayolado. A pesar de las numerosas fisuras, la lesión podía haberse curado, pero no fue atendido debidamente, corriendo el riesgo de tener que amputarle la pierna, por lo que fue trasladado al Hospital de la Beneficencia de Madrid, siempre bajo custodia de la policía las 24 horas del día.
Más tarde fue puesto en libertad provisional y pasó 19 meses convaleciente en un hospital de París. Fue operado once veces para salvarle la pierna de la amputación pero no pudo ya dejar de recurrir a las muletas para caminar.

Portada Diario 16, 10/1979. Aún después de asesinado, siguen mintiendo "El Grapo compró metralletas con la cuenta de Suiza".

Inmediatamente se reincorporó a la Comisión de Relaciones Internacionales del PCE(r), labor que el régimen fascista español no podía permitir. El asesinato fue preparado con la correspondiente campaña de intoxicación propagandística, esta vez de la mano del periodista-policía Alfredo Semprún, que publicó en ABC las consabidas noticias calumniosas que le preparó el Ministerio del Interior.
Semprún, en el semanario fascista Blanco y Negro de 9 a 15 de mayo de 1979 (núm. 3497) le acusó con nombre y apellidos de ser el coordinador de la cumbre terrorista europea. Ese mismo mes, Eizaguirre editaba una carta de respuesta a Alfredo Semprún en la revista Punto y Hora de 29 de mayo, acusándole de haberle señalado en el punto de mira de la guerra sucia y presumiendo un atentado contra él u otros militantes del PCE(r), como así ocurrió tan sólo un mes después.
Fue asesinado de cinco disparos por la espalda mientras comía en un restaurante vietnamita el 28 de junio de 1979 por el Batallón Vasco Español, siglas que representaban el terrorismo de Estado de aquella época. Sólo hacía un mes que le habían dado el alta en el hospital. Sus familiares interpusieron una querella en París para conocer las circunstancias del asesinato, pero la policía francesa, que ya entonces era cómplice del Ministerio del Interior español, no investigó nada y los jueces cerraron el caso.
Hoy es sabido que sus asesinos fueron Jean Pierre Cherid y Mohamed Talbi, quienes de regreso a España, asesinaron en el País Vasco-Francés a los refugiados vascos Enrique Gómez Korta y Jon Lopetegi, Pantu. Cherid y Talbi eran pied noirs, antiguos mercenarios de la OAS acogidos por los servicios secretos españoles después de la liberación de Argelia y tras la victoria del PSOE en 1982, dirigentes de los GAL.
Eizaguirre tenía 42 años en el momento de fallecer, estaba casado y tenía dos hijos, Bruno y Fabián, de seis y cinco años de edad.
A raíz de su asesinato, el PCE(r) tuvo que pasar a la clandestinidad también en Francia.
Tras el asesinato el Comité Nacional de Euskal Herria del PCE(r) y otras organizaciones colocaron carteles y difundieron octavillas convocando una asamblea en Erandio el 30 de junio a la que acudieron unas 300 personas portando banderas rojas, ikurriñas y banderas republicanas. Un camarada suyo tomó la palabra y explicó la biografía de Eizaguirre, haciendo un llamamiento a la unidad y a la resistencia contra el fascismo. Al terminar la asamblea desfilaron en manifestación por todo el pueblo, cortando el tráfico entre Bilbao y Plencia. Al día siguiente se convocó otra manifestación que acabó en una concentración en Erandio donde el PCE(r) convocó a participar en una semana de lucha por la amnistía entre los días 2 y 8 de julio. También en Rentería diversas organizaciones populares convocaron una huelga general por el asesinato de Eizaguirre y de otros revolucionarios asesinados por aquellas mismas fechas. En París se convocó otra manifestación en las proximidades de la estación de Austerlitz de donde salen los trenes para Madrid, llenando de pintadas uno de ellos. En el diario Egin, Herri Batasuna y las Gestoras Pro-amnistía editaron varias esquelas de homenaje. Durante su trabajo clandestino se entrevistó con dirigentes de HB en Euskal Herria.

 

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3 de marzo, tras 40 años

Han pasado cuatro décadas desde la masacre de Gasteiz, de aquellas luchas obreras que nos convulsionaron. El PTV (Pueblo Trabajador Vasco) que la izquierda abertzale puso en la vanguardia de la revolución, adquirió visibilidad en las movilizaciones. Su organización, su compromiso fue también la del enemigo de clase al que, 40 años después, me dispongo a recordar.

Uno. La organización obrera surgió de la solidaridad con los trabajadores de Forjas Alavesas y otras empresas que negociaban su convenio. Una huelga general paralizaba Gasteiz y varios miles de trabajadores se dieron cita en la parroquia del barrio de Zaramaga. La Policía Armada, siguiendo instrucciones superiores, realizó una acción de guerra en tiempo de paz. Lanzó gases lacrimógenos y botes de humo en el interior de la iglesia y cuando los obreros despavoridos intentaron ganar el exterior, fueron abatidos como conejos.

Dos. El balance en Gasteiz fue de cinco muertos y más de un centenar de heridos. Los fallecidos:Romualdo Barroso (19 años), Pedro María Martínez OcioFrancisco Aznar (17 años), José Castillo yBienvenido Pereda. El 8 de marzo en Basauri y en una manifestación de protesta por los sucesos de Gasteiz, la policía mataba a Vicente Antón Ferrero, de 18 años. El día 5, en Tarragona y en una manifestación tras la masacre de la capital alavesa moría, tras caer o ser arrojado de un tejado cuando le perseguía la policía, el obrero Juan Gabriel Rodrigo Knafo, de 19 años. El 14 de marzo, en una protesta por las muertes de Gasteiz frente a la Embajada española de Roma, la policía italiana disparó fuego real contra los congregados matando a un viandante, Mario Marotta e hiriendo gravemente a otros dos.

Tres. La respuesta del Estado español fue de reafirmarse en la actuación de sus policías. Para el gobernador civil de Araba, Rafael Landín, la «represión de la policía ha sido en algunos momentos insuficiente» lo que corroboraba la nota oficial del Gobierno de Arias Navarro: «La actuación de las fuerzas del orden ha estado encaminada a proteger el ejercicio de las libertades individuales». Como en el golpe de Estado de 1981 con los números de la Guardia Civil, ningún agente policial, a fin de cuentas los que dispararon y mataron obreros, fue imputado.

Cuatro. En línea con el apartado anterior de impunidad, los únicos detenidos fueron aquellos que la Policía señaló como dirigentes obreros, que ingresaron en la prisión de Carabanchel: Imanol Olaberria,Jesús Fernández NavasJuanjo Sebastián y Emilio Alonso. Otros en Langraitz. Las víctimas fueron encarceladas y los verdugos, compañías acantonadas en Miranda, Valladolid y Gasteiz, felicitados por haber matado obreros.

Cinco. La amenaza y el interés por amedrentar a los obreros y a los sectores populares no fue una bravuconada, sino que el Estado la cumplió a rajatabla. En los dos meses siguientes, los agentes policiales y similares mataron a dos carlistas en Jurramendi, a Felipe Delgado en un control en Zestoa, a Alberto Soliño, en el festival de la canción vasca en Eibar, mientras una bomba abandonada por el Ejército hispano en Urbasa mataba a cinco vecinos de Etxarri Aranatz. Amenazaron con seguir matando y lo hicieron. Funcionarios del Estado.

Seis. Los responsables de la masacre tenían nombres y apellidos. El director de Seguridad del Gobierno español era Víctor Castro Sanmartín, presidente de la Hermandad de la División Azul (españoles con Hitler en la URSS), protagonista de las negociaciones con EEUU para las bases militares en España. En 1976, tras los sucesos, fue destinado al CESID (servicios secretos). Su adjunto era José Antonio Zarzalejos Altares que recibió como trofeo el Gobierno Civil de Bizkaia, de donde dimitió tras la legalización de la ikurriña. Zarzalejos Altares, sin embargo, fue nombrado fiscal general del Tribunal Supremo ya en la época del PSOE. Fue complaciente con los GAL, haciendo honor a su currículo. Sus hijos también fueron y son sonoramente montaraces. Uno, José Antonio, director de ‘El Correo’, ‘ABC’ y hoy en ‘El Confidencial’. El otro, Javier, secretario general de Presidencia en el Gobierno de Aznar y hoy presidente de la Fundación ultra, FAES.

Siete. Con el poder mediático controlado y los obreros tachados de delincuentes, terroristas y vándalos, el Estado ató la tercera pata, la judicial. El TOP (Tribunal de Orden Público, antecedente de la Audiencia Nacional) se desinhibió de los sucesos en favor de un tribunal militar, cuyo instructor fue el teniente coronel Cipriano Pérez Trincado, voluntario requeté en 1936, relator de su particular «cruzada». Trató a las víctimas como entonces, enemigos. Los hechos fueron sobreseídos. Matar obreros era gratis.

Ocho. Los responsables políticos de la masacre son recordados, en esa construcción vergonzosa del relato, como pro-hombres de la España moderna. Arias Navarro era el presidente del Gobierno. El Carnicero de Málaga le habían apodado, responsable de la ejecución de 4.500 republicanos. Hoy tiene nombre de parques, calles, su familia mantiene un marquesado y grandeza de España. Su sucesor, el que ocultó la masacre, se llamaba Adolfo Suárez, que se jactaba de no haber leído jamás un libro, ha sido elevado recientemente a los altares. Ambos, Arias y Suárez, habían sido nombrados por el Borbón restaurado que tomó el nombre de Juan Carlos I.

Nueve. Qué decir de Fraga, ministro de Interior entonces: «No se van a tolerar planteamientos utópicos». «No fue una actuación excesiva, se estaba jugando mucho». Martín Villa, el ministro de Relaciones Sindicales (los sindicatos estaban ilegalizados) llegó a suceder a Fraga, y se metió luego empresario, de la marca España: Sogecable, Endesa, Prisa y hoy consejero del Sareb, el banco de los morosos. Desde 1964 con chófer oficial.

DiezJesús Quintana, el capitán que dirigió la masacre, señaló en la causa abierta que los obreros muertos estaban bien muertos, porque la Policía actuó en «defensa propia». No hubo, sin embargo, policía herido por arma de fuego, ni siquiera por arma blanca. Quintana, a quien Interpol pidió la detención y extradición, vive en Granada y, como jubilado da extensos paseos, paradoja, por el parque García Lorca, cerca de su domicilio.

OnceLos empresarios alaveses, que presionaron para que los salarios fueran congelados, para que el escarmiento a los obreros rebeldes fuera de los que hacen época y marcaran a toda una generación, no aparecen en las crónicas históricas. Ellos, que se negaron rotundamente a la negociación, aparecieron entonces como paladines del acuerdo. Nombraron a un mediador vallisoletano que llevaba en Gasteiz varios años como juez de instrucción, Juan Bautista Pardo García. Pardo sería, ya en 1989, el primer presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.

Doce. En esta construcción de un relato oficial, de una desvergüenza supina, como esas excusas utilizadas para evitar el título honorífico a Lluís Llach, la apología del crimen ha sido excluida. Y, nuevamente, las víctimas han sido relevadas de su categoría. La justicia española y sus aparatos hacen caso omiso a Interpol. Y la policía autonómica fue capaz de disolver la manifestación de aniversario del 3 de marzo de 2006, hacer tres detenidos e imputarlos por «atentado». Por cierto, los ertzainas robaron a los manifestantes la ikurriña que abría la protesta. La Ertzaintza envió las imputaciones «por enaltecimiento del terrorismo» a la Audiencia Nacional, que las rechazó. Sería un juzgado ordinario de Gasteiz el encargado del caso y tres años después absolvió a los imputados. El responsable de aquel desaguisado, el consejero Javier Balza, tuvo un recorrido similar al de Martín Villa, pero a lo «euskal style»: Caja Vital, Uría Menéndez Abogados, Iberdrola… Pago por servicios prestados.

Han pasado 40 años de la masacre del 3 de marzo. Cuatro décadas. En esa construcción del relato, la víctimas siguen sin recuperar su lugar. Los verdugos, en cambio, engreídos, vanidosos, refugiados en su eterna impunidad.