Harlan County U.S.A.

 

Harlan County U.S.A. - Barbara Kopple 1976. U.S.A. 104 m. B/N y Color Música: Hazel Dickens, Merle Travis, Sarah Cunnings. Canciones: compuestas por los propios protagonistas Florence Reese (Which Side Are You On - De qué lado estás) y Nimrod Workman, afectado de neumoconiosis; y tradicionales como We shall not be moved (No nos moverán), del sindicato algodonero del sur de los Estados Unidos. Premios: Oscar mejor documental 1977. Incluida en el Registro Nacional de Cine del Congreso de los Estados Unidos.

Relato periodístico de una huelga de mineros y conmovedor retrato de la dignidad humana, clave para analizar la realidad del movimiento obrero en EE.UU., un país de pistolas. Su directora Barbara Kopple utiliza material real sobre los hechos, complementado con entrevistas a los participantes de la huelga, que sentían que la cineasta estaba a su lado y le daban acceso a sus reuniones y conversaciones privadas. El documental hace un buen trabajo, con los mineros contando sus historias personales en forma cinematográfica, con los sones pegadizos de las canciones de las minas de carbón añadidos al impacto emocional del acontecimiento histórico, en un escenario de hermosos bosques en dramática yuxtaposición con la pobreza agobiante y las deplorables condiciones de vida de los trabajadores. Y manifiesta su conciencia histórica planteando un paralelismo con La sal de la tierra (Herbert J. Biberman 1954) y evocando las huelgas ocurridas en el mismo lugar durante los años treinta, que le valieron el nombre de Bloody Harlan (el sangriento Harlan)

El documental tenía como objetivo inicial la campaña de 1972 de Arnold Miller y Miners For Democracy para el derrocamiento del presidente de la UMWA (United Mine Workers of America) Tony Boyle, acusado de complicidad con los dueños de las minas e instigador del triple asesinato de su oponente sindical Joseph Yablonski y la mujer e hija de éste en 1969. De ahí que el film de Kopple sea extremadamente crítico con la UMWA y presente la libre sindicación como una liberación respecto al sindicalismo corrupto. Ocurrió que en el verano de 1973, los 180 mineros del carbón que trabajaban en la mina Brookside, en el Condado de Harlan, en un Kentucky desposeído, propiedad de Eastover Coal Company, filial de Duke Power Company, votaron abandonar el sindicato Southern Labor Union (SLU), que creían defensor de los intereses de los patronos, y unirse al UMWA. Los propietarios se negaron a firmar los nuevos contratos, lo que habría establecido un local UMWA en Brookside. Después de un mes de negociaciones sin éxito, comenzó lo que sería una huelga de 13 meses de duración. El objetivo principal era el derecho de los trabajadores a formar un sindicato como parte de la UMWA con dos objetivos secundarios: establecer un Comité de Seguridad del trabajador y aumentar los beneficios hospitalarios y médicos. Una explosión en la mina Consolidation Coal's Mannington en Farmington, Virginia Occidental, unos años antes, había matado a setenta y ocho de los ochenta y dos mineros que trabajaban en el yacimiento en ese momento. También en esas fechas era alta la incidencia de la neumoconiosis entre los trabajadores del carbón. Los salarios, en cambio, eran comparables con los de otras explotaciones mineras en todo el país, por lo que no se abordó esta cuestión. Además de oponerse al sindicato UMWA, la dirección de Eastover también quería incluir una cláusula de no-huelga en cualquier contrato final.

Una orden judicial prohibió a los huelguistas el bloqueo de vehículos a la entrada o salida de la mina que impidiera que los esquiroles trabajaran. Varios hombres fueron arrestados por vulneración del mandamiento judicial y condenados a tres meses de prisión. Sus esposas, madres, hermanas e hijas respondieron al mandato judicial creando el Brookside Women's Club (BWC) y ocupando las líneas de piquetes. Las tensiones aumentaron a medida que avanzaba la huelga, y el potencial de violencia, más específicamente la violencia armada, cada vez más evidente. Por parte de la compañía, con el uso de ametralladoras contra los piquetes o las amenazas de algún capataz, pistola en mano, apuntando al cámara y a los huelguistas. Sin embargo, no hubo informes de que éstos usaran sus armas. El documental describe magníficamente las tensiones que viven los huelguistas y los flujos y reflujos de entusiasmo, optimismo, desesperación, pesimismo, solidaridad y oportunismo. Después de que un joven piquetero con mujer de 16 años de edad y un bebé, fuera asesinado por un rompehuelgas, la Eastover Mining Company ofreció un contrato a los trabajadores. Aunque el contrato fue ratificado, muchos lo consideraron una claudicación porque se restringían los paros locales. Poco después del fin de la huelga, el UMWA enfrentó otro obstáculo nacional cuando sus contratos en todo el país expiraron. Esto condujo a una campaña nacional en su mayoría no violenta de paros que involucraban a casi 120,000 mineros. En un plazo de tres semanas se había alcanzado un acuerdo provisional entre la UMWA y la mayoría de los propietarios de las minas.

La escritora y luchadora política e intelectual cubana ya fallecida Lourdes Casal, que vivió la mayor parte de su vida adulta en los Estados Unidos y que reseñó Harlan County U.S.A., señala en su reseña refiriéndose al documental: «la efectividad cinematográfica y política lo convierte en un arma de combate, de concientización, de educación». Y añade: «No creo que haya un instrumento más efectivo que Harlan County U.S.A. para destruir el mito de la homogeneización de clases en los EE.UU. El abismo entre los mineros y los accionistas, abogados y ejecutivos de las compañías resulta tan evidente, desde un punto de vista puramente visual, que nos sacude como un puñetazo en el plexo». Y: «El mito del conservadurismo de los obreros blancos norteamericanos queda expuesto reveladoramente. («Cuando entramos a la mina, tenemos diferentes colores; al salir de la mina todos somos negros»)». Apuntalando: «La violencia que mata de un pistoletazo es más dramática pero menos real que la violencia cotidiana bajo la que tiene que vivir el oprimido».